Aprendiendo a mirar en el corazón

Según la asociación Chrysallis Euskal Herria, en Euskadi podría haber hasta 400 menores en situación de transexualidad dependiendo de diferentes investigaciones.

Un reportaje de Rubén Olveira Araujo. Fotografía I. Azurmendi/J. Bergasa – Lunes, 20 de Julio de 2015

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Con sus lazos, sus ganchos y sus vestiditos, Lucía es una niña muy querida en su pueblo natal, en Asteasu. A sus cuatro años, le gustan los juguetes que socialmente están vistos como “más de niña” y todo lo que tenga que ver con las princesas. Eso sí, lo que no soporta es a los niños. “Dice que son muy burros”, apunta su madre, Abi Labaien, con una sonrisa. Lucía ahora ríe, satisfecha, cuando corretea por las calles del municipio guipuzcoano. Sin embargo, hace un año no todo era de color de rosas. “Siempre se levantaba ofuscada, llorando”, recuerda Abi. La razón: todo el mundo le decía que era un niño, no una niña.

A día de hoy, la identidad sexual que la sociedad otorga a las personas se sigue realizando con base en los genitales. “Tú tienes pitilín, pues niño”. “¿Vagina? Niña entonces”. Pero la realidad es que hay niñas con pene y niños con vagina, tal y como reivindica Chrysallis Euskal Herria, la asociación de familias con menores en situación de transexualidad. Sin ir más lejos, ahí está el caso de Lucía. “Tenga lo que tenga entre las piernas, mi hija es una niña y así lo ha demostrado siempre”, asegura su madre.

No obstante, si ahora Abi lo tiene muy claro, no ocurría lo mismo hace un año. Desde siempre le habían permitido jugar con muñecas, salir a la calle con falda, etc., pero Lucía quería algo más: que se la considerase la niña que era. “Aunque hablamos siempre en euskera, empezó a utilizar el castellano para referirse a sí misma en femenino”. “Mosqueados” porque su hija siempre se levantase disgustada, triste, decidieron ponerse en contacto con Chrysallis y, por fin, obtuvieron una explicación a lo que estaba pasando: Lucía es una chica, con pene, pero una chica después de todo.

“Ella siempre lo ha sabido, pero nosotros no nos hemos dado cuenta hasta ahora”, confiesa Abi. Admite que ha habido momentos en los que les entró miedo, como cuando durante las navidades Lucía les comentó que quería cambiarse de nombre. “Pero el miedo era nuestro, no suyo”. Así que desecharon sus prejuicios y se dejaron llevar por la valentía que irradiaba su hija. “Con solo cuatro años nos está enseñando muchísimo”.

UNA BUENA ACOGIDA En el caso de Lucía, Abi explica que todo ha sido muy “natural” y “progresivo”. “El tránsito se ha llevado muy bien en la familia, aunque hayamos tenido nuestros momentos”. En el pueblo tampoco han tenido ningún problema al socializar la identidad de su hija. “Es más, en general hemos notado incluso que la protegen”, menciona. Y con los demás niños, a los que se les suele tachar de ser crueles, Abi asegura que han aceptado el tránsito de Lucía sin ninguna objeción. “Los prejuicios los tenemos nosotros, no ellos, que son lienzos en blanco”. Al final, según esta madre, todo se resume a una niña que quiere ser feliz siendo lo que es.

Al igual que Lucía y según los resultados de investigaciones sobre la prevalencia de la transexualidad que la asociación Chrysallis Euskal Herria ha extrapolado, en Euskadi podría haber desde 40 hasta 400 menores en situación de transexualidad. Entre ellos se contaría Mikele, una adolescente de 15 años natural de Iruñea.

Como en la mayoría de los casos, Mikele ha ido dando pistas y desde siempre se ha identificado con el rol femenino. “Nosotros lo achacábamos a una posible homosexualidad cuando fuese más mayor, pero en ningún caso te planteas la transexualidad como una opción”, recuerda su padre, Luis Grande. Aunque admite que no pudo seguir mirando a otro lado cuando Mikele se lo expresó claramente a los 10 años. “La primera reacción es miedo, miedo al qué dirán, porque por nuestra edad lo vivimos de una manera muy distinta y se asocia a temas peyorativos”. Después de todo, según Luis, la transexualidad todavía está muy patologizada, no solo a nivel social, sino que a nivel sanitario en ocasiones también es considerada como una enfermedad y recetan un tratamiento psicológico. “Sin embargo, cuando conoces de primera mano esta realidad te das cuenta de que no es así y que con el apoyo de su entorno más cercano no necesitan más atenciones que cualquier otro niño”.

Por entonces, cuando Mikele efectuó el tránsito hace 4 años, todavía no existía Chrysallis Euskal Herria y el desconocimiento general -mayor que el ahora existente- volvía el proceso aún más complicado. “Nos sentimos bastante solos”. Con una “inseguridad total” debido a la poca información que tenían y tras hablar con el amigo de un amigo de un amigo, acabaron en la Unidad Navarra de Trastorno de la Identidad. “A pesar de las complicaciones, nos ayudaron mucho”.

Tras todo el periplo, ahora Mikele ha sido aceptada como lo que es tanto en el entorno familiar como en el educativo, y también entre sus amistades. “La gente en general, salvo casos puntuales, lo ha entendido bastante bien y la han respetado”.

En la actualidad, como ha entrado en la pubertad, Mikele utiliza bloqueadores hormonales para bloquear, propiamente dicho, el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como que le crezcan los genitales, le cambie la voz o le salga barba. ¿La única pega? Que a Mikele se le haya retrasado por ley el acceder a la hormonación cruzada -en su caso, a estrógenos- al mismo tiempo que sus amigas han empezado a desarrollarse. “Ahora mismo mi hija es una adolescente atrapada en un cuerpo de niña”.

Del mismo modo que Luis, Montse Ignacio confiesa que, al igual que la mayoría de las familias que conoce con hijos en situación de transexualidad se lo tomó de forma negativa. “Se les dice que no, que si tienen pene son niños y que si tienen vulva, niñas”. No obstante, después de casi un año peleando con su hija Shaila y llevándole la contraria día sí y día también, comprendieron que igual eran ellos los que estaban equivocados. “No desistió hasta que hizo valer su identidad”.

Montse asegura que el tránsito de Shaila también fue relativamente fácil. “Se manifestaba como la niña que era no solo en casa, sino en todos los sitios, así que a nadie le pilló por sorpresa”. Lo único que pide: que estos menores en situación de transexualidad tengan un desarrollo vital con los mismos derechos que los demás.

Aunque estos tres casos son “relativamente optimistas”, Chrysallis Euskal Herria recalca que no todas las familias de la asociación lo están pasando tan bien y que hay muchas situaciones “sangrantes”. Por ello, reivindican que se escriban protocolos en sanidad, en educación y en los registros. Aun así, Montse lo tiene claro: “Prefiero pelearme con todos los demás que con mi hija”. Luis anda bastante a la zaga con esta idea y Abi, en su caso, prefiere que las palabras que su hija Lucía les repite cinco o seis veces al día hablen por ella: “Claro, cuando nací me mirasteis el pilitín y pensabais que era un niño, pero ahora habéis aprendido a mirarme el corazón”.

 

AINGERU MAYOR PRESIDENTE DE CHRYSALLIS EUSKAL HERRIA

“Lo único que necesitan nuestros hijos es poder expresarse como los niños y niñas que son”

Los expertos apuntan que la transexualidad es una expresión más de la diversidad sexual y reivindican que se la considere como tal

RUBÉN OLVEIRA ARAUJO AINARA GARCIA – Lunes, 20 de Julio de 2015

DONOSTIA – La transexualidad continúa siendo un tema espinoso debido al desconocimiento que aún perdura en la sociedad. Más, si cabe, cuando se trata de transexualidad infantil. Experto en sexología, Aingeru Mayor es padre de una niña de ocho años que, en su día, creyeron que era un niño. En la actualidad Mayor ostenta el cargo de presidente de la recién creada Chrysallis Euskal Herria, una asociación dedicada al apoyo de las familias con menores en situación de transexualidad en Gipuzkoa, Bizkaia, Araba y Nafarroa. Pese a haber comenzado su andadura en marzo de este mismo año, ya cuenta con doce familias y vaticinan que su número irá en aumento.

¿Qué es exactamente la transexualidad?

-Es una expresión más de la diversidad sexual. Consiste en el hecho de que el sexo de una persona no coincide con el sexo que se le asignó al nacer al observarle los genitales. En otras palabras: hablamos de niñas con pene y niños con vulva. Puede que no sea lo habitual, pero no es ni un trastorno ni una enfermedad. Solamente es diversidad.

Es decir, tendría que ver con la idea de intersexualidad.

-Eso es. Todos tenemos elementos tanto femeninos como masculinos. Los procesos de sexuación generan caracteres sexuados que pueden ir en una u otra dirección. En el caso particular de las personas en situación de transexualidad lo que ocurre es que su sexuación cerebral, aquella que nos dice lo que somos y que tiene lugar durante el periodo de gestación, va por un lado, mientras que su sexuación genital va por otro.

¿Y a qué edad se puede saber?

-En el caso de Chrysallis Euskal Herria tenemos menores desde los cuatro a los quince años. La identidad sexual de las personas se comienza a expresar con la conquista del lenguaje, alrededor de los dos años. Aunque si bien esta característica se da en ambos sexos, sí que es verdad que en la asociación, y también en general, según los resultados aportados por varias investigaciones, hay más proporción de casos de transexualidad en niñas que en niños.

¿Cuál es vuestro modus operandi cuando una familia se pone en contacto con vosotros?

-Lo primero, damos información para que conozcan esta realidad y puedan acompañar a sus hijos. También ofrecemos apoyo a la hora de hacer público en el contexto social el sexo sentido del menor. Ello conlleva, obviamente, apoyo en el ámbito escolar y por eso mismo, a día de hoy, impartimos formación en diferentes centros escolares. Y ya está, porque hasta la pubertad lo único que necesitan es poder expresarse y que se les vea como los niños y niñas que son. Nada más. Por eso pedimos, entre otras cosas, que se pueda cambiar el nombre en el registro antes de los 18 años -a lo que algunos jueces están poniendo dificultades- y, por supuesto, que se pueda cambiar la referencia al sexo.

¿Y en la pubertad?

-Entran en juego los caracteres sexuales secundarios, que empiezan a desarrollarse en uno u otro sentido. En la mayoría de los casos, estos chicos y chicas no desean el desarrollo de algunos de esos caracteres. Por ejemplo, que a una niña le crezca la nuez, le salga barba, etc. Para evitarlo se pueden utilizar los llamados “bloqueadores hormonales”, que bloquean el desarrollo de estos caracteres sexuales no deseados. Lo ideal sería que, al mismo tiempo, se pudiese comenzar con la hormonación cruzada; es decir, dotar de hormonas femeninas (estrógenos) a estas niñas y de hormonas masculinas (testosterona) a los niños para que desarrollen las características sí deseadas.

¿Con cuántos años se puede comenzar este tratamiento?

-En Nafarroa se dan los bloqueadores hormonales a los doce años, con la entrada de la pubertad, pero para la hormonación cruzada hay que esperar hasta los 16. El planteamiento de esta idea es dotar al menor de más tiempo “para garantizar que tiene clara su identidad”, porque algunas de las consecuencias de la hormonación son irreversibles. Pero nosotros, desde las familias, estamos viendo otra realidad: el no desarrollar en ninguno de los dos sentidos mientras los cuerpos de sus amigos cambian deja a nuestros hijos en una situación de vulnerabilidad. Por ello peleamos para que se permita acceder a la hormonación cruzada a los doce. Ellos y ellas hace muchos años que tienen muy clara cuál es su identidad.

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