Aliados del derecho a ser

Fuente: BEZ.ES

Autor: EMILIO GARCÍA

El imperativo de defender el derecho a ser es cosas de todos.

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Nuestros hijos no eligen ser quienes son. Nosotros tampoco. Aunque no lo sepamos hasta años más tarde, somos padres de personas transgénero desde que ellos nacen. Menos aún decidimos sobre la transición de nuestros hijos, pero sí elegimos acompañarlos.

La fuerza de la estadística y la ocultación por los prejuicios sociales hacían improbable que conociéramos previamente una persona transgénero. De la mano de nuestros hijos, entramos en una realidad cuyas dimensiones y matices hasta entonces ignorábamos. De nuevo somos padres primerizos buscando un inexistente manual de instrucciones. En la búsqueda, nos encontramos con una frontera de justicia social cuya superación entronca con la reivindicación del derecho básico del ser humano: la legitimidad de ser.

Partiendo de la revelación de la disconformidad con el modelo cisgénero por parte de nuestros hijos, los padres y madres comenzamos a involucrarnos con grupos de apoyo locales y a extender nuestro escaso conocimiento anterior sobre la identidad de género. Con todo ello, recibimos una inmersión acelerada en el colectivo transgénero. El resultado es una concienciación de su entorno y condiciones: los riesgos de rechazo familiares, las dificultades de empleabilidad, los obstáculos para la adecuada atención sanitaria, la transfobia cotidiana…

La visión de las luchas diarias de la población transgénero que adquirimos sus familias es algo más que una apreciación subjetiva. La amplia encuesta realizada por el Centro por la Igualdad Transgénero de Estados Unidos en 2016 confirma esta mirada. Cerca de la mitad de la población transgénero de Norteamérica ha intentado suicidarse alguna vez, más de una cuarta parte ha experimentado  algún rechazo familiar, una cantidad similar ha experimentado problemas con la cobertura de su servicio de salud, tres cuartas partes sufrieron algún tipo de trato incorrecto en época escolar. Resultados parciales similares pueden encontrarse en estudios de menor escala realizados con anterioridad en España o Reino Unido.

Las desigualdades que sufren los otros son más entendibles desde la óptica de nuestros privilegios en relación a ellos. La activista blanca contra el racismo Peggy McIntosh desarrolló una lista de privilegios de las personas blancas en relación con las personas de color. Del mismo modo, la reflexión sobre nuestros privilegios como personas cisgénero nos puede ayudar a comprender mejor por qué defender el derecho de toda persona a vivir de acuerdo con la identidad de género que siente. Como personas cisgénero que somos, los que nos rodean se dirigen a nosotros por nuestro nombre correcto, nadie cuestiona las instalaciones públicas que usamos, el acceso a la atención médica básica para nuestro bienestar no está sometida a evaluación psicológica, nadie se cree con derecho a preguntarnos sobre nuestras prácticas sexuales…. ¿Cómo nos sentiríamos si no fuera así?

Es difícil, tras conocer discriminaciones injustas sobre un grupo de seres humanos, no preguntarnos qué podemos hacer para eliminarlas. De acuerdo con un reciente estudio sobre veintitrés países, la sociedad española es especialmente sensible a ello y figura a la cabeza de dar apoyo a los derechos del colectivo transgénero. Es necesario, sin embargo, que sea un apoyo activo que se traduzca en un número creciente de aliados trans (trans ally, en terminología inglesa). Todos podemos comenzar con las acciones más básicas:

  • Escuchar las voces de las personas transgénero y difundirlas. Las páginas web de sus asociaciones, fundaciones y medios digitales son un primer punto para conocer sus inquietudes inmediatas y su sentir de primera mano.
  • Hacer un uso correcto del nombre y los pronombres con los que quieren que nos dirijamos a ellos cada una de las personas transgénero. Existen otros aspectos del lenguaje a cuidar, por ejemplo, no hablar de la existencia de cuerpos equivocados ni de que sean personas que antes fueran de otro género.
  • No hacer presunciones sobre su orientación sexual o el camino de transición que espera realizar cada persona trasgénero para adecuar su cuerpo a su identidad de género.
  • No esperar que las conversaciones con las personas transgénero se centren exclusivamente en temas relacionados con su identidad.
  • Extender a nuestro alrededor el respeto a todas las expresiones de la identidad de género, en el uso de cuartos de baño públicos, en la educación de tus hijos o en el entorno laboral. Tener tolerancia cero con la transfobia es una especial obligación para los cisgénero.

Decía Heinz Kout que “la empatía es la capacidad de pensar y sentir la vida interior de otra persona como si fuera la propia”. Creo misión imposible para cualquier persona cisgénero aspirar a la empatía total con una persona transgenero. No podemos aspirar a sentir plenamente su vida interior, sí a entender y combatir las discriminaciones cotidianas de las que son objeto convirtiéndonos en sus aliados. El imperativo de defender el derecho a ser no recae solo sobre la población transgénero y su círculo más próximo.

*Emilio García es padre de persona transgénero

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