Boga, boga Chrysallis

CRW_2743.v2El fin de semana 18-19 de octubre tuvimos la oportunidad de asistir al II Encuentro estatal de Chrysallis (Asociación de familias de menores transexuales). Resulta muy difícil expresar con palabras el entusiasmo que produce esta iniciativa y todo lo que (re)mueve. Baste decir que nos descubrimos renovadamente esperanzados al ver a tantas familias compartir eso que allí se percibía, además de aquella manera tan cariñosa y organizada. Algo que, tan solo hace un par de años, resultaba imposible de soñar.

Sin duda antes o después se lograrán cumplir algunos de sus objetivos más urgentes e inmediatos. Todo apunta en esa dirección. También que cuantos más boguemos junto a ellos, sucederá antes que después pues, como dice Natalia Aventín, presidenta de Chrysallis, mientras los días pasan, nuestros hijos se quedan sin tiempo. La cosa es clara.

No obstante, al margen de estas urgencias y del tiempo que se tarde, creemos que el simple hecho de su existencia ha configurado un escenario muy diferente, con importantes repercusiones que, precisamente por estar hablando de menores, de momento sólo se pueden vislumbrar.

Un nuevo escenario definido fundamentalmente por sus protagonistas: los niños y niñas con sus familias. A una y aunadas. Unas familias presentes en toda su extensión: madres, padres, hermanos y hermanas, abuelas y abuelos, tías y tíos…

Escenario donde sus protagonistas ya no están solos, ni perdidos, ni aislados, sino acogidos, aceptados, acompañados, (re)conocidos y organizados. Donde esa “cruzada contra el mundo” tantas veces realizada, a costa de tantas cosas, por fin podrá empezar a ser significativamente menor. Donde cada vez será más difícil que les mareen yendo de aquí para allá, escuchando lo que dicen unos y otros, a lo ancho y largo de un tortuoso transitar.

En todo esto, el conjunto de profesionales seguimos teniendo una responsabilidad importante que no podemos obviar u olvidar. La deontología y buena praxis profesional deja poco margen de maniobra: estamos a su servicio, para contribuir a hacer su vida más agradable y llevadera.

Por ello, nuestra función no consiste en juzgar, negar, desestimar o despreciar la realidad percibida y relatada de estos menores y sus familias. Obviamente tampoco cuando son adultos. Escuchar, atender, aprender y acompañar son verbos muy distintos. Nuestros márgenes de maniobra, que lógicamente existen, nunca son tan estrechos como para que estos verbos no estén presentes en cualquier intervención.

Sin embargo, a la vista de algunas intervenciones y discursos, pareciera que esta responsabilidad es poco menos que una opción. Porque a veces da la impresión de que se está velando más por el marco teórico con el que se accede a una realidad que por la propia realidad en sí. Como si se cuidara más el mapa que el territorio. Incluso que, cuando el mapa es muy rudimentario, se tratara de adecuar el territorio a lo que aparece en el papel.

Primum non nocere, merecería la pena recordar. Lo primero no hacer daño. De manera que si esto no se cumple, porque no se sabe, no se puede o no se quiere, lo más sensato sería obrar en consecuencia. Por ejemplo, que cuando no se sepa se investigue o consulte; cuando no se pueda se derive o se busque una alternativa; y cuando no se quiera… bueno, ése ya es otro tema.

En el plano de las explicaciones o las teorías, vemos con desconfianza algunos intentos por elaborar una teoría de la transexualidad en la medida que nos recuerdan demasiado a los ya realizados con respecto a la homosexualidad. Tememos, pues, que se repitan también muchos de los errores cometidos, empezando por las propias preguntas de investigación.

Por eso, en este asunto nos esforzamos en estudiar mediante preguntas inclusivas que nos permitan explicar a todos los sujetos sexuados en su enorme diversidad. Así, si nuestras preguntas en lo homo y hetero (o bi-, pan-, demi- y cuantos prefijos se quieran sumar) circulan en torno a “quién me atrae” (a todo el mundo, en algún momento, alguien le atrae), en lo trans y cis circulan entorno a “sentirse y percibirse” pues también nos posibilita explicar a todos. A quienes tienen algún lío con ello y a quienes no. O, mejor dicho, a quienes presentan más lío y a quienes presentan menos, porque a ver quién se siente al 100% a gusto con quien y como es, en el conjunto de sus circunstancias.

Lo que también nos permite caminar conjuntamente con los discursos que explicitan la cuestión transexual y que tanto se necesitan para visibilizar y dar a conocer la existencia de una realidad minoritaria imposible ya de seguir ocultada o negada en el orden de lo razonable. Tal y como ha venido sucediendo en la historia de la sexología. Por ejemplo, con Magnus Hirschfeld sin ir más lejos.

Por eso, en este tema de la identidad sexuada (como lo nombramos nosotros), entre otras cosas, buscamos aportar fórmulas que faciliten entender(se) y explicar(se) de una manera más precisa y ajustada (también más preciosa y justa) al relato de lo que sienten y perciben. Tanto en sí mismos como en los demás. Contribuir a que puedan nombrarse, ser y estar en el mundo de forma más tranquila y coherente.

Con esta premisa transcurrió nuestra aportación en este encuentro: ofrecimos nuestras maneras de explicar la gran diversidad en los sexos existe, centrados en esta cuestión que más les interesa y co-implica. Algunas las vamos poniendo por aquí, por si les sirven a más gente. Hay otras explicaciones que se manejan desde otros marcos teóricos. Nosotros aportamos éstas, que las realizamos desde esta sexología.

Vamos presentando las que probamos y vemos que más funcionan. Las que nos explican desde nuestra peculiar y única manera de ser sexuados de una manera en la que entramos todos. Porque estamos convencidos de que, cuando la diversidad se hace mínimamente inteligible, ya no hay lugar para el rápido y fácil recurso a la patología o las desviaciones de la norma… ¿qué norma?

La clasificación que se suele hacer entre normal y anormal representa simplemente el tipo de conducta en que el clasificador resulta que no se ha involucrado (Alfred Kinsey, 1940).

Esta regla –el sexo– no tiene más que excepciones. Tantas y tan variadas que las llamamos diversidades… (Twitter del Instituto de sexología Incisex, 24 de abril de 2012)

Boga, boga Chrysallis… y que los vientos sean favorables…

Samuel Díez Arrese y Almudena Herranz Roldán

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