Cuando los niños transexuales son invisibles

elmundo.es   Foto Portada: Gtres online.

Una niña juega tranquilamente con su Barbie en medio del salón. En vez de una larga melena tiene un pañuelo marrón en la cabeza que ha cogido a su madre cuando ella no miraba. De repente, interrumpe su juego y se gira hacia el mando de la televisión. No le gusta ‘Mike el Caballero’ y prefiere poner un capítulo grabado de ‘Sandra, detective de cuentos’. Hoy responde a un nombre femenino, pero no siempre ha sido así. Sus padres tardaron seis años en comprender que el médico se había equivocado con el sexo de su hija cuando puso ‘varón’ en su ficha médica tras observar los testículos del recién nacido. Es un ‘caso tipo’ que relata la asociación CHRYSALLIS(Asociación de Familias de Menores Transexuales) para explicar las señales que los padres pueden reconocer en su hijo en los primeros años, aunque también insisten en que cada caso es particular.

“Cuando el niño se nombra por primera vez con un sexo distinto al de su nacimiento, las familias suelen corregirles porque piensan que se ha equivocado y que no sabe usar bien las palabras. Entonces, se le intenta redirigir. Eso es un error”, comenta Saida García, vicepresidenta de CHRYSALLIS y madre de una niña transexual. En torno a los 3 o 4 años de edad los menores comienzan a identificar su sexo. Hacer planes de futuro también suele ser otra señal clave. “A veces utilizan expresiones como ‘cuando se me caiga la pilila’ u otras similares, aunque no siempre es así”, matiza la experta. En ese momento, los expertos de esta asociación recomiendan “ampliar la información” del niño y hablarle con naturalidad de sus posibilidades.

Un grupo secreto de Facebook

Los miembros de CHRYSALLIS conocen bien esta realidad y la falta de información con la que se enfrentan sus progenitores cuando se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos. El germen de esta asociación es un pequeño grupo de Facebook secreto que crearon unos padres llenos de dudas. Poco a poco, el número de familias fue creciendo, se apoyaban los unos en los otros, y contaban sus experiencias sobre cómo resolver los problemas cotidianos, tanto con el colegio como con las administraciones. Hasta que un día decidieron dar un salto al activismo y crearon una asociación para convertir sus reivindicaciones y necesidades en derechos para sus hijos.

Desde entonces, unas 250 familias se han acercado a su sede para recabar información sobre cómo acompañarles en esta situación. “El cambio es tremendo cuando conoces a otras familias. Al principio es chocante, piensas que tu familia es rara o que te has equivocado en algo, pero cuando hablas con más gente, te das cuenta de que es una situación normal”, comenta Saida García. Para ella, la fina línea que separa que la transexualidad sea asumida como un trauma y que sea una situación cotidiana para los niños es la comprensión de los padres. Por eso, durante la entrevista la palabra que más repite es ‘acompañamiento’.

No es fácil educar a unos hijos en un mundo dividido entre hombres y mujeres. Es casi imposible encontrar un cuento tradicional que no divida a sus personajes en estos dos sexos. Precisamente por la necesidad de explicar, la escritora Ana Castro y Patricia Murube crearon el cuento ‘La gran equivocación‘. La narración trata sobre un hada un poco despistada que se encarga de clasificar a los bebés como niños o niñas en su nacimiento. Un día de mucho trabajo, el hada solo mira los genitales y se le olvida observar el cerebro del recién nacido. Y por tanto, comente un error al categorizar a un niño como niña. Por suerte, también tiene un final feliz: siete años después, la niña recupera su verdadera identidad.

Fotograma de la película ‘la chica danesa’, que se estrenará en enero.Foto: Universal Pictures.

Estos niños forman parte de una generación que tendrá nuevos referentes mediáticos, unos ejemplos con los que sus antecesores no contaron y que ayudan a visibilizar y normalizar la transexualidad. La admirada Catlyn Jenner, la deseada Lea T o Andreja Pejic son ejemplos de mujeres transexuales y triunfadoras. Pero Mané Fernández, Portavoz T de FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales) avisa de que, pese al ‘boom’ mediático, aún hay muchos estereotipos que pesan sobre este colectivo: “Solo se muestra la parte morbosa de esta realidad. Desde diferentes medios se sigue con el estereotipo de una mujer transexual trabajadora sexual e inmigrante, y así en muchos otros casos”.

Cuando descubrimos este tipo de actitudes en nuestro hijo o hija en los primeros años, los expertos aconsejan siempre observarles, informarles y sobre todo, esperar. “Puede que sea transexual o puede que nos encontremos ante la realidad de que sea un comportamiento de género no normativo (que no es lo mismo que ser transexual)”, apunta Mané. El experto aconseja “dejar ser al menor y que el tiempo nos pondrá ante la verdadera realidad”.

Una única ley para que los niños crezcan en libertad

La lucha principal de federación y asociaciones sigue siendo la creación a nivel estatal de una Ley Estatal Integral de Transexualidad para que el desarrollo del niño no dependa de la comunidad autónoma en la que vive. Mientras en Navarra, País Vasco, Andalucía y Canarias ya existe una Ley Integral para Personas Transexuales,en Madrid “los niños transexuales no existen”, lamenta García. Cambiar el nombre en el DNI es uno de los primeros pasos que los padres pueden dar en la administración.

El desarrollo de una única ley que proteja los derechos de los niños es una de las luchas tradicionales de los colectivos. La Fundación Daniela ha sido la última en lanzar una campaña en Change.org para elevar esta petición al Congreso de los Diputados y que los niños puedan desarrollar su identidad de manera libre en cualquier Comunidad Autónoma. La petición está acompañada de un vídeo que la organización ha colgado en YouTube.

La escuela es la siguiente ‘gran batalla de los padres’. “En el colegio hay que dar las herramientas necesarias a nuestros hijos para que, una vez que tome sus decisiones, estas no varíen. Pero esto lo hace cualquier padre del mundo, también los que tienen niños con gafas, por ejemplo. Hay que enseñar a los niños a hacerse respetar”, comenta García en un tono absolutamente natural. Sin embargo, FELGTB sí ha detectado algunos conflictos en los centros: “Nos seguimos encontrando en el ámbito escolar con situaciones de discriminación, como no permitir el uso del baño que corresponde según la identidad que manifiesta el menor, los cambios de nombre en documentos internos etc”, comenta Fernández.

Hasta que el niño no entra en la fase de pubertad, no es necesario ningún tratamiento físico. Al llegar la adolescencia pueden surgir algunos problemas: “Alguien puede llevar viviendo como niña desde los 6 años y a los 13 le sale barba”, explica García. En este momento, los padres tienen la opción de acudir al médico para que les diga si es o no necesario usar bloqueadores hormonales. Más tarde, puede plantearse un tratamiento hormonal activo.

Hasta los 18 años, ninguna persona en España puede someterse a una operación de cambio de sexo. Sin embargo, desde Chrysallis perciben que existe un mito entorno a la cirugía “Solo un 13% de mujeres se operan para quitarse los genitales. Algunas veces las operaciones no dan resultados plenamente satisfactorios. Hay que trabajar para que no sea tan importante tener unos genitales o no y que no haya que operarse para ser reconocido o respetado”, afirma García.

A pesar de los fuertes estereotipos que siguen pesando sobre el colectivo, muchos niños transexuales crecen felices. Tendrán un mote en el colegio. Como todos. Sufrirán en la adolescencia. Como todos. Y tendrán muchas dudas en el sexo. Como todos. La diferencia con la anterior generación de ‘trans’ es que su cuerpo no será la causa de sus problemas ni supondrá la jaula de carne como lo fueron para sus antecesores. No pasará a engrosar el altísimo porcentaje de intentos de suicidio (hasta un 60 por ciento lo ha pensado y un 45 por ciento lo ha intentado) que pesa sobre el colectivo ‘trans’ porque tiene una familia que la ha querido y comprendido y unos amigos que están más acostumbrado a esta (nada) nueva identidad sexual.

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