En propia cárcel

Que la vida y Dios se equivocan
Lo sabemos de siempre, pero hoy,
En su mirada había toda una diosa.
Me lo contaron, lo escuché, pero
Por su mirada esta noche lo sé, que
No hay peor cárcel que la de uno.
Que no hay cerradura ni reja más
Infranqueable que la de un cuerpo
Que no nos pertenece y es extraño.
Que es de otro y no de ella. De nadie.
En sus ojos, a veces, la tristeza más
Terrible, la mujer-niña-pájaro sin
Alas, la atada a lo lejano y extraño.
En sus ojos, a veces, muy pocas veces,
Ternura contenida, felicidad medida,
Un sueño cosido a la esperanza.
En su mirada esta noche, el único,
El verdadero, el luminoso cielo.
En su mirada hoy, especialmente hoy:
La que irradia luz, la verdadera, la
Más fuerte de las mujeres, la diosa.
En su mirada hoy, el relámpago de ella
El de mil, de cien mil, de todas las
Mujeres escondidas en un cuerpo
Que jamás les perteneció, que nunca
Fue suyo y del que nosotros tenemos
la llave, y que nosotros mantenemos
cerrado, por miedo, por mucho miedo
a parecernos, a ser tan iguales, a ver
que en el fondo, en lo verdadero, todos,
todas, somos lo mismo, iguales. Luz.

Shiro Dani

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *