Esta es tu historia, mi amor. Mi niño trans.

Autora: Marta

Qué difícil se hace enfrentarse a un folio en blanco para explicar cómo la vida te pone de repente tu mundo patas abajo. Para poder contar nuestra historia quiero usar una comparación con la que quizá más familias se sientan identificadas… y os la cuento en segunda persona porque se la dedico a mi hijo, que aún es muy pequeño para comprenderla, pero que algún día la leerá.

La vida fluye como un pequeño arroyo sin sobresaltos. A veces hay algún pequeño obstáculo que sortear, otras veces parece que la corriente se remansa y nada importante pasa… Piensas que tu vida será siempre así… que habrá días mejores o días peores, pero que todo irá según lo previsto, circulando por tu cauce sin mayores sobresaltos.

Pero nadie te cuenta que a veces hay grandes saltos de agua. Cataratas que te hacen saltar al vacío sin saber qué te espera debajo. Y saltas. Porque no queda más remedio. Lo que tienes que elegir es si saltas disfrutando del paisaje, de la caída, confiando en que lo que te espera más abajo es mejor aún que lo que conocías. O si saltas con miedo, llorando. Temiendo lo que vendrá…

Las cascadas son atractivas. A todos nos gusta mirarlas, escuchar el rugir de sus aguas, verlas brincar entre piedras y plantas, creando entornos maravillosos que nos transportan al mundo de hadas y duendes. Pero dan miedo cuando uno está en el agua, sobre todo si las mira desde arriba…

Esta es tu historia, mi amor. Mi niño trans que nunca dudó de lo que era y que nos hizo saltar a los cuatro sin saber aún muy bien que nos espera abajo.

Nuestro río era una familia de cuatro miembros, feliz de poder vivir la vida juntos. Sintiéndonos afortunados de existir, querernos y disfrutar intensamente. Con las luces y las sombras de cualquier familia que se encuentre inmersa en la crianza de dos niños pequeños.

Tu historia puede comenzar el día en que comienzas con tus primeras rabietas. Y no pasa nada, porque las rabietas son un momento por el que pasan todos los niños, debido a la maduración de su pequeño cerebro. Pero las peleas eran continuas. Por cualquier cosa… qué carácter hija. A quién te parecerás…

Y llegó el momento de quitar el pañal. Y fuimos a elegir braguitas llenos de ilusión, porque era uno de tus grandes retos. Y sin hablar apenas, porque aún tu lenguaje era fundamentalmente por gestos, nos pediste bragas de Cars y de Spiderman. Porque las princesas no te iban, y siempre que te disfrazabas, que jugabas con tu hermana, usabas espadas, palos, capas, coches… Y compramos Slips en lugar de bragas, porque esta sociedad sexista en la que vivimos no deja que las niñas sean Spiderman.

Y continuamos peleando por poner coletas, vestidos o braguitas (heredadas de tu hermana). Y yo no entendía lo que pasaba. Porque una cosa, mi amor, es dejarte libertad para elegir y tomar tus propias decisiones, y otra cosa es que con 2 años marques el ritmo de nuestra casa y nuestras vidas.

Gritabas sin palabras lo que tú ya notabas. Y es que no veíamos lo que había que ver.

Pasó un año entero cuajado de avances y retrocesos. De peleas y reconciliaciones. De estrategias para controlar las rabietas y los momentos de ira. Eras feliz cuando llevabas camiseta y pantalón corto. Sobre todo si la camiseta era heredada de los primos y tenía monstruos, coches o pelotas de fútbol.

Y nuestro río comenzó a tomar velocidad. Las aguas comenzaban a indicarnos que nos aproximábamos a una gran cascada. Pero seguíamos sin saberlo y sin escucharte. Y tú enfadado con el mundo…

Te pusiste tu último vestido en la boda de la tía. Y sólo porque conseguí convencerte de que ese vestido fue, cuando era pequeña, de la tía Eva a la que adoras. Conseguiste disfrutar a pesar de todo.

Pusimos fotos tuyas con coletas en toda la casa, con vestidos. Siempre rodeado de quien más quieres, para convencerte de que así estabas guapo. Alguna sigue en casa, como para recordarnos que no hay más ciego que el que no quiere ver… Tus ojos brillaban jugando a super-héroes. Cuidabas a tu hermana cual galán de media noche. Y una noche en la bañera te escuché susurrarle que de mayor te casarías con ella. “Cosas de niños”. Siempre cosas de niños.

Las aguas cada vez iban más rápido.

1 de agosto de 2014. Llegamos a la cascada. Y saltamos…

Ese día estabas muy contento. Fui a preguntar a tu profe de la guarde si habías dormido la siesta, y allí estabas, de la mano de tu mejor amigo con los ojos brillantes. Te pregunté cómo estabas y me contestaste que bien. Y me dijiste “mami, de mayor me voy a casar con mi amigo”. ¡¡¡Bien!!! Por fin las cosas volvían a su cauce, pensé yo. ¡Se quiere casar con un niño! “Genial”, contesté. Pero añadiste “Él, mamá, se va a casar con un vestido blanco porque tiene el pelo largo, y yo, me voy a casar con un traje como el de papá y con pajarita”

Pierdo pie. Estamos saltando.

Ese momento, y no otro, a pesar de que habíamos tenido varios parecidos, fue revelador. En realidad es como si una puerta se abriera y la luz entrara a raudales para iluminar una habitación que no sabías que estaba ahí. Como si un rayo te devolviera toda la cordura perdida. Como cuando las piezas del puzle encajan. Aún me dio tiempo  a preguntarte. “¿Con pajarita, mi amor? Pero ¿tú no quieres ir de novia” “No, mamá. Yo soy un chico, no puedo ser una novia. Y de mayor voy a ser como papá”

Mientras saltábamos las compuertas del llanto también se abrieron. Ese día recuerdo llorar como nunca… nada me hacía parar. Lancé un SOS a Google. Esto qué es. Qué nos pasa. Por qué a nosotros. Ahora qué hago. Cómo se afronta esto.

Y la ayuda. El hada madrina. El faro en noches de tormenta. Chrysallis.

Hablar con la presidenta de Madrid me permitió sobrevivir a aquel  1 de agosto sin licuarme en mis lágrimas.

Aún tardamos unos meses en asentar aquella revelación, pero fuimos capaces de escuchar lo que nos decías. Te cortamos el pelo (qué alegría… qué momento). Te dejamos vestirte cómo quisieras. Tu armario se llenó de colores, porque hasta ese momento habías adoptado solo el negro y el azul marino para ver si así nos hacías ver que lo tuyo no era Hello Kitty. El naranja, el amarillo y ¡hasta el rosa! volvieron a iluminar tu cara morena.

Y en estas estamos. Felices y contentos, de nuevo en nuestro río vital, que no es tan pausado y calmo como antes del salto, pero que nos pilla a todos ya “aprendidos” sabiendo que si toca volver a saltar lo haremos con gracia, que ya tenemos experiencia.

Gracias mi vida por existir. Gracias a mi hija mayor por ser tan especial y acompañar de forma tan divertida, sincera y natural a su hermano. Gracias a mi compañero de vida, de viaje y de crianza por estar siempre a mi lado y por secar mis lágrimas cuando se me abre el dique de contención. Y gracias Chrysallis por existir. Esta vida es NUESTRA y la vamos a vivir de la mejor manera: JUNTOS 🙂

4 thoughts on “Esta es tu historia, mi amor. Mi niño trans.

  1. Me ha gustado mucho. Lo has explicado de una manera muy bonita. He sentido la sensación de caída libre que relatas. Sois muy valientes y os admiro

  2. Precioso testimonio, lleno de amor, os deseo toda la felicidad del mundo. Por lo que leo, teneis mucha suerte de tener un hijo y un hermano de personalidad brillante y él tiene una gran suerte de tener unos padres y una hermana que llenos de amorsiempre caminaran junto a él. Triunfareis seguro.

  3. Hermosisima historia, el amor mas puro se lee en tus lineas. Ánimo, mucha unión y a seguir gozándose la vidaaa!!!

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