Estimada vecina…

¿Cuántas veces hemos tenido que soportar como familias, que la vecina, el peluquero, la panadera o nuestros propios familiares lejanos se inmiscuyan en nuestras vidas? ¿Cuántos consejos no pedidos y mal dados hemos soportado con una mezcla de sonrisa y mueca? Hoy Marta responde a su querida vecina de forma muy inteligente y locuaz pero, sobre todo, sincera.

Autora: Marta

querida vecina

Estimada vecina.

Le escribo esta carta para pedirle un favor. No nos dé más consejos. En serio, no los necesitamos.

Yo sé que Ud. lo hace de buena fé. Y que en esta enésima ola de calor del verano, pasándola en Madrid y tan lejos aún de las vacaciones, que ya sé que no se va hasta septiembre, no tiene Ud. nada mejor que hacer que observar a mi familia y opinar sobre ella.

Y que somos una familia que no pasa desapercibida, con nuestras voces y llantos, nuestras risas y carreras, nuestros pic-nics en la piscina y nuestras cenas viendo la tele, nuestras subidas y bajadas y nuestras divertidas, y a veces sesudas, conversaciones.

Pero eso no implica que le permitamos intervenir siempre que a Ud. le parezca oportuno.

Llevo en esto de la educación casi siete años ya. Y como toda madre que conozco he tratado de formarme e informarme para hacerlo lo mejor que pueda. Pero reconozco que no soy un pozo de sabiduría. No lo sé todo, siempre tengo miedo a equivocarme, y aunque tengo ciertas teorías de cómo debería criar a mis hijos tengo que admitir que el 80% es improvisación.

Y no. Yo tampoco me esperaba que mi hija pequeña (la que yo pensaba que era hija) me informara cuando fue capaz de hablar de que, en realidad, siempre ha sido un chico.Yo sé que está Ud. sorprendida, y que se muere por preguntarme un montón de cosas relativas a esta cuestión. Pero es que no son de su incumbencia.

Sepa Ud. que para nosotros tampoco ha sido fácil, sobre todo para mi hijo. Estoy segura de que he llorado más que Ud. en relación con este tema. Que le he dado más vueltas que Ud. Que he leído sobre la transexualidad infantil más que Ud. Que he deseado mil veces más que Ud. que esto no pasara. Que he dudado. Que he pretendido ignorarlo. Y que, juntos como familia, nos hemos dado cuenta de que no pasa nada. Que esto no es más que una muestra de la diversidad de la raza humana, de la inteligencia y de la particularidad y singularidad de todos y cada uno de nosotros.

No estoy orgullosa, porque no es algo que haya elegido. Estoy orgullosa de haber sabido ver a mi hijo y de luchar día a día por entenderlo, comprenderlo, respetarlo y acompañarlo. Pero igual que con mi hija, que esa sí, es de “verdad” para Ud.

Mi matrimonio ha pasado por una prueba durísima de la que, por el momento, ha salido fortalecido. Y de eso también me siento orgullosa, cosa que no sé si Ud. podrá decir (aunque seguro que sí, porque en esta sociedad hipócrita en la que vivimos siempre hay “ovejas” negras y trapos sucios por lavar).

Y es que las cartas con las que jugamos al Mus de la vida no se eligen. Esto es así. ¿Sabe? A mí también me gustaría jugar con dúplex de Reyes. Pero normalmente hay que defender la mano con pito, cuatro, sota y rey. Y en realidad el buen jugador es el que gana con esas cartas. Tenga Ud. por claro que yo también hubiera elegido otra cosa. Pero estoy segura de que Ud. también (y en otra carta, si quiere, hablamos de su familia en lugar de la mía).

No se preocupe por si mi hijo se arrepiente, que en la vida, salvo morirse, todo tiene remedio. Mi hijo es tan niño como el suyo, de eso puede estar segura. Y si se “arrepiente” el día de mañana, que a mí me gusta más pensar en que cambia de opinión, tendremos que hacer el mismo camino que tendría que hacer si es su hijo el que le informa de que se siente mujer.

Porque yo le puedo hacer la misma pregunta ¿está segura de que su hijo no se va a arrepentir de ser un chico? Ud. pensará que sí, pero la otra gran verdad de la vida, querida vecina, es que nada en esta vida es inamovible. Ándese Ud. con ojo.

Mi hijo no tiene una enfermedad (mucho menos contagiosa). Es feliz, cabezón, alegre, gruñón y muy fuerte. Por dentro y por fuera. Y si lo que le preocupa es que le hagan daño no se preocupe que una de las cosas que le estoy enseñando, junto a su hermana, es a ignorar los comentarios ofensivos y a defenderse sin agresión de quienes le ataquen. Y aquí estoy yo también, y su padre, y sus abuelos y amigos, señora. ¡¡Que no está solo!!

Y no. No se crea que yo tengo claro cómo va a evolucionar esto. Pero nosotros tampoco estamos solos. Hay mucha gente ahí fuera dispuesta a acompañar a mi hijo en su camino. Profesionales. Que saben mucho más que Ud. y que yo. Y eso me hace estar muy tranquila.

Y tiene sólo 4 años, sí. Pero le garantizo que a esta edad tiene claro lo que es y cómo se llama. ¿O Ud. ha visto a algún niño o niña de 4 años que no sepa cuál es su nombre y si es un chico o una chica?

No tengo muy claro si le damos pena, miedo, aprensión, rechazo o curiosidad. O una mezcla de todo. Como persona libre que es puede Ud. sentir lo que quiera. Eso sí, permítanos también a nosotros pensar de Ud. y de su familia lo que nos dé la gana. Pero, por favor, no nos dé más consejos.

Y para no predicar con el ejemplo termino mi carta dándole yo uno. No se preocupe Ud. más por el “chichi” de mi hijo, que lo que tenemos entre las piernas pertenece a la intimidad de cada uno. Preocúpese más por el suyo propio y así, probablemente, nos vaya mucho mejor a todos a partir de ahora.

Un cordial saludo,

Su vecina del 2ºB.

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