La chica del látigo: Introducción

“Si no me defino a mí por mí misma, seré destrozada por las fantasías que los demás se hacen de mí y me comerán viva.” 

Audre Lorde

La primera vez que dije que estaba trabajando en un libro basado en mis experiencias y puntos de vista como mujer transexual, muchos asumieron de inmediato que yo estaba escribiendo una autobiografía (en lugar de pensar en una recopilación política o histórica, una obra de ficción, o una colección de ensayos personales).

Tal vez imaginaron que iba a escribir una de esas confesiones que lo dicen todo y que parece que a las personas no-transexuales les encanta escuchar una y otra vez de parte de las mujeres transexuales.

Una historia que comience con mi insistencia en que siempre he sido una mujer “atrapada en un cuerpo de hombre”; que distorsione mi deseo de ser mujer y lo muestre como una necesidad de realizar actividades femeninas; que explique los pormenores de la cirugía de reasignación sexual y las hormonas con todos los detalles grotescos; que evite por completo cualquier discusión acerca de lo que significa ser tratada como mujer y cómo esto se compara a la forma en que fui tratada cuando me consideraban hombre.

Una historia que no hable de todos los prejuicios que enfrento por ser una persona transexual; un libro que termine no con la parte donde me convierto en una activista abiertamente transexual y feminista, sino con la consumación de mi condición de mujer bajo la forma de mi primera experiencia sexual con un hombre.

No me sorprendería que muchos hubieran asumido que yo estaba escribiendo simplemente una nueva variación de este arquetipo.

Hasta hace muy poco, éste era el único tipo de historia que los editores y productores no-transexuales permitían que las mujeres transexuales contaran.

Y aunque siento respeto por cualquier mujer transexual que ha sido lo suficientemente valiente como para compartir su historia con el mundo, el enfoque estrecho de los medios al enfocarse en las historias transexuales más digeribles o sensacionalistas, se ha traducido en la invisibilización de la gran diversidad de perspectivas y experiencias que existen entre las mujeres transexuales.

Es más, se han silenciado las historias de las relaciones intrincadas y difíciles que muchas de nosotras tenemos con nuestros propios géneros y cuerpos.

También se han borrado las historias sobre la dificultad que enfrentamos para hacerle frente a los estereotipos de género que otras personas proyectan sobre nosotras por ser mujeres y porque además somos mujeres transexuales.

Las personas que me conocen por mi trabajo como activista transgénero, poeta y performer centrada en los temas trans, podrían haber supuesto que yo estaba trabajando en una “revolución transgénero”:

Un libro similar a los libros de Kate Bornstein, Leslie Feinberg, y Riki Wilchins, que influyeron tanto en mí cuando apenas estaba saliendo al mundo;  un libro que desafiara a los lectores a ver más allá del binario de género, que animara a todas las personas transgénero (no importa si son transexuales, travestis, genderqueers, artistas drag, etc.) a reconocer que todos estamos en el mismo barco, que todos somos víctimas de las mismas y rígidas normas culturales de género.

Aunque creo que todas las personas transgénero tenemos un interés común en la lucha política contra aquellos que nos temen y que desprecian la diversidad de género y la diferencia en todas sus maravillosas formas, no creo que todas seamos discriminadas de la misma manera, ni exactamente por las mismas razones.

He encontrado que las reacciones de los demás cuando en distintos momentos de mi vida me presenté, ya fuera como un hombre crossdresser prácticamente encerrado en el armario, o bien como un chico queer bigénero, fueron muy distintas entre sí y definitivamente muy diferentes a las que tienen ahora que he salido al mundo como una mujer transexual.

Enfocarse en el término “transgénero” como una categoría tipo talla única para todos quienes “transgredimos las normas del binario de género” es algo que sin darnos cuenta ha borrado las luchas que enfrentamos aquellas de nosotras que nos encontramos en la intersección de múltiples formas de prejuicios basados en el género.

Y aunque estoy de acuerdo con muchos en la insistencia en que “hay que sacudir el binario de género”, un tema que uno encuentra regularmente en muchos libros que tratan sobre el género, he llegado a la conclusión de que éstos sólo cuentan parte de la historia.

La idea de que toda forma de discriminación contra las personas transexuales se debe al hecho de que nosotras, como personas transgénero, “transgredimos las normas del binario de género” no resuena del todo con mis experiencias personales.

Al ser considerada como un niño un tanto excéntrico, me dieron mucha libertad para optar por las actividades propias de los niños y al mismo tiempo se me permitía mantener un aspecto y una personalidad andróginas.  A veces yo era objeto de burlas por ser diferente, por parecer un niño atípico o poco masculino, pero no eso no era nada en comparación con el veneno que estaba reservado para aquellos niños que actuaban de forma decididamente femenina.

Y ahora, como mujer transexual declarada, encuentro que aquellos que tratan de ridiculizarme o rebajarme, no lo hacen por el hecho de que no llego a ajustarme a las normas de género -en lugar de eso, lo más común es que lo hacen para burlarse de mi feminidad.

Desde la perspectiva de alguien que ocasionalmente hace cambios en su género, o de algunas personas del espectro mujer a hombre, podría parecer que las normas del binario de género se encuentran en el centro de toda la discriminación en contra de las personas transexuales.

Pero la mayor parte del sentimiento anti-trans que he tenido que hacer frente como mujer transexual probablemente sería mejor descrito como misoginia.

El hecho de que las mujeres transexuales hayan sido escogidas para llevar la peor parte de la fascinación que siente nuestra cultura por el tema transexual -al mismo tiempo que lo demoniza- ha sido un tema apropiado como para un debate feminista desde hace más de medio siglo.

Desafortunadamente, la respuesta de muchas feministas ha sido el ser extraordinariamente apáticas o antagónicas a las perspectivas y experiencias de las mujeres transexuales.

De hecho, las pocas feministas no-transexuales que en el pasado han escrito acerca de nosotras por lo general han basado sus tesis en la suposición de que somos realmente “hombres” (no mujeres), y que nuestra transición física, así como nuestra expresión de género femenina, representan una apropiación de la cultura, el simbolismo y los cuerpos de las mujeres.

Además de ser una falta de respeto para con nosotras, considerando el hecho de que nos presentamos, vivimos, y somos tratadas por el mundo como mujeres, estos enfoques equivocados han pasado por alto una importante oportunidad para examinar cuestiones más relevantes:

Las formas en que el sexismo tradicional le da forma a las creencias populares acerca de las mujeres transexuales y por qué tantas personas en nuestra sociedad se sienten amenazadas por la existencia de lo que según ellos son “hombres que eligen convertirse en mujeres.”

La intención de este libro es desarmar muchos de los mitos y conceptos erróneos que tiene la gente acerca de las mujeres transexuales, así como del género en general.

Al darle vuelta a la mesa y poner al resto del mundo del lado cuestionado, y examinar por qué tantas personas que pertenecen a facetas tan diferentes de nuestra sociedad, todas se han dedicado a deshumanizar a las mujeres transexuales, espero demostrar que somos ridiculizadas y vistas de menos, no simplemente por “transgredir las normas del binario de género”, como muchos activistas transgénero y muchas teorías de género han propuesto, sino porque para la mayoría, “elegimos” ser mujeres en lugar de hombres.

El hecho de que nos presentemos y vivamos como mujeres, a pesar de haber nacido como hombres y haber heredado el privilegio masculino, desafía a aquellos en nuestra sociedad que glorifican la hombría y la masculinidad, así como a aquellos que enmarcan las luchas que enfrentan las mujeres en general y las personas lesbianas, gays y bisexuales, exclusivamente en términos del privilegio masculino y heterosexual.

Al examinar el desprecio que demuestran amplios sectores de la sociedad por las mujeres trans, también sale a la luz un aspecto importante pero a menudo pasado por alto del sexismo tradicional: que éste no sólo se enfoca en las personas por ser mujeres, sino también por sus expresiones de la feminidad.

Hoy día, si bien es generalmente considerado como algo ofensivo o prejuicioso discriminar abiertamente a alguien por ser mujer, la discriminación contra la feminidad de una persona todavía es considerada como normal.

La idea de que la masculinidad es fuerte, resistente y natural, mientras que lo femenino es débil, vulnerable y artificial, continúa proliferando, incluso entre quienes piensan que las mujeres y los hombres son iguales.

Y en un mundo en el que la feminidad es despreciada con tanta frecuencia, tal vez ninguna forma de expresión de género se considera más artificial y más sospechosa que las expresiones de la feminidad que puedan venir de parte de los hombres, tanto no-transexuales, como transexuales, así como de las mujeres transgénero.

He llamado a este libro La chica del látigo, para resaltar las distintas formas en que las personas que son femeninas, ya sean mujeres u hombres y/o transgénero, son casi universalmente vistas de menos en comparación con su contraparte masculina.

Este acto de convertir en chivo expiatorio a quienes expresan la feminidad puede ser observado no sólo en los medios oficiales dominados por los hombres, sino también en la comunidad gay, lesbiana y bisexual, donde los hombres homosexuales “afeminados” han sido acusados de entorpecer el movimiento de derechos gay, y donde las mujeres masculinas o dykes han sido acusadas de ser la vergüenza del movimiento lésbico.

Incluso muchas feministas han caído en las nociones del sexismo tradicional acerca de la feminidad -que es artificial y frívola; que es una artimaña que sólo sirve al propósito de atraer a los hombres y satisfacer sus deseos.

Lo que espero demostrar en este libro es que el verdadero engaño no lo realizan aquellas personas que resulta que son femeninas, sino mas bien aquellos que le asignan un significado de inferioridad a la feminidad.

La idea de que la feminidad está subordinada a la masculinidad menosprecia a las mujeres en su conjunto y le da forma prácticamente a todos los mitos y estereotipos populares acerca de las mujeres trans.

En este libro, intento romper con los intentos previos del feminismo y la teoría queer por rechazar la feminidad caracterizándola como “artificial” o como una mera “actuación”.

En lugar de ello, mi argumento es que ciertos aspectos de la feminidad (lo mismo que de la masculinidad) son naturales y ambos pueden preceder a la socialización e incluso sustituir al sexo biológico.

Por estas razones, creo que es negligente de parte de muchas feministas enfocarse únicamente en aquellas mujeres que tienen cuerpo de mujer, como también es negligente de parte de muchos activistas transgénero, hablar únicamente de las normas del binario de género.

Ninguna forma de equidad de género puede ser conseguida realmente si no trabajamos primero para darle poder a la feminidad en sí misma.

Quizás la cuestión más difícil con la que he tenido que lidiar al escribir este libro es la procedencia tan variada de los distintos públicos a los que espero alcanzar.

Algunos lectores pueden ser ellos mismos personas transexuales, o pueden ser activistas de la comunidad transgénero, pero no se sienten sintonizados con los distintos discursos sobre el género y la transexualidad que se dan en el mundo académico, en los centros clínicos, en el feminismo, o en la política queer.

Otros pueden tener un interés en este libro desde la perspectiva de los estudios de la mujer, de los temas lésbicos o gay, o de los estudios de género, quizás están familiarizados con lo que las personas no-trans de la academia tienen que decir acerca de las personas trans, pero nunca hasta ahora habían estado expuestas el punto de vista de una mujer transexual sobre todos esos diálogos y debates.

Habrá un grupo para quienes el tema será algo completamente nuevo, quizás tomaron el libro porque querían aprender más acerca de la transexualidad, cómo ser mejores aliados, o porque tienen un interés particular por los temas de género y sexualidad.

Para mí ha sido ciertamente un desafío escribir un libro que tenga sustancia acerca de estos tópicos complejos y que al mismo tiempo sea fácilmente comprensible, que sea disfrutado por públicos tan diversos y que difieren tanto en sus conocimientos y en sus ideas preconcebidas.

Si bien he escrito este libro en un lenguaje “accesible” y con el público general en mente, el empleo de términos específicos para los temas transgénero es inevitable.  No solamente he tenido que definir una serie de términos que ya existían para beneficio de quienes estudian por primera vez estos temas, sino que he redefinido o incluso creado nuevos términos para aclarar las confusiones y para llenar los vacíos que ha dejado la extraña mescolanza de lenguajes clínicos, académicos y activistas típicamente usados para describir las vidas y las experiencias de las personas transgénero.

Si bien la creación de nuevos términos puede llegar a ser desconcertante en un principio para los lectores, siento que es necesario hacerlo para señalar y desafiar las muchas ideas preconcebidas que normalmente se tienen acerca del género y las mujeres trans.

El “Manifiesto de la Mujer Transexual”, que sigue después de esta introducción, es la pieza que he elegido para sentar las bases de muchas de las ideas expuestas en este libro.

Le sigue la parte 1, “Trans/ Teoría de Género”, que se centra en gran medida en las representaciones que se han hecho acerca de las personas transexuales en los medios de comunicación, la medicina, la psiquiatría, los estudios de género y queer, así como en la política feminista.

Debido a que las personas transexuales constituyen un porcentaje relativamente pequeño de la población y tienen muy poco o ningún poder, ni tampoco una voz propia en estos campos, las representaciones no-transexuales que se hacen de ellas regularmente se interponen en el camino impidiendo conocer las perspectivas y las expresiones de las personas que sí son transexuales.

Esto es muy problemático, ya que muchas de estas representaciones realizadas por personas no-transexuales son sensacionalistas, sexualizan y/o son hostiles por completo a quienes sí son transexuales.

Otras representaciones, no buscan ser descaradamente degradantes, y sin embargo aún así tienen un drástico impacto negativo en la vida de las personas que sí son transexuales, porque enmarcan la transexualidad en términos de las ideas preconcebidas y los intereses de las personas no-transexuales.

Esto necesariamente obliga a las personas transexuales a describirnos a nosotras mismas y a nuestras experiencias de acuerdo a la terminología y los valores de las personas no-transexuales, lo que inevitablemente nos coloca en una posición subordinada.

(Es decir, los géneros de las personas no-transexuales son vistos como “normales”, “naturales” e “incuestionables”, mientras que los géneros de las personas transexuales se supone que son “anormales”, “artificiales”, y perpetuamente cuestionados y abiertos a la interpretación).

Esto también tiene la sospechosa consecuencia de colocar a las personas no-transexuales que simplemente estudian la transexualidad, en la posición de “expertos” que se supone que de alguna manera entienden a las personas transexuales mejor de lo que nosotras mismas nos podríamos llegar a entender.

He dedicado gran parte de esta sección a desmontar las representaciones no-transexuales de la transexualidad porque éstas efectivamente llegan a silenciar las voces políticas de las personas transexuales y nos impiden describir nuestras propias vidas de la manera en que nosotras mismas las experimentamos.

Por supuesto, es imposible discutir estos temas sin tener que lidiar con otro tipo de binario de género que se da -entre los esencialistas de género (aquellos que creen que las mujeres y los hombres representan dos categorías mutuamente excluyentes, y que las personas que pertenecen a cada categoría nacen con ciertos rasgos inherentes y que no se superponen) y los constructivistas sociales (que creen que las diferencias de género son principal o exclusivamente el resultado de la socialización y las normas de género binario).

Por esta razón, he incluido mi propio punto de vista acerca del género en esa sección, un punto de vista que incluye tanto mis experiencias como persona trans, como mis experiencias como bióloga en ejercicio, y que reconoce que tanto los factores intrínsecos, como los extrínsecos, ayudan a dar forma a la manera en que llegamos a experimentar y comprender nuestros propios géneros.

La Parte 2, “Mujeres Trans, Feminidad y Feminismo”, reúne mis experiencias y mis observaciones, antes, durante y después de la transición- para discutir las muchas maneras en que el miedo, la sospecha y el menosprecio hacia la feminidad le dan forma a las actitudes sociales hacia las mujeres trans y tienen una influencia en la manera en que las mujeres trans a menudo llegamos a vernos a nosotras mismas.

En los dos últimos capítulos de esa sección, llego a reunir varios de los temas principales que he ido desarrollado en este libro, para sugerir nuevas direcciones para el activismo de género.

En el capítulo 19, “Trayendo de vuelta lo Femenino al Feminismo,”  Trato el punto de que el activismo y la teoría feminista se enriquecerían si se trabajara para darle poder y abrazar la feminidad, en lugar de sencillamente hacerla a un lado o burlarse de ella, como ha sucedido a menudo en el pasado.

Este enfoque permitiría al feminismo incorporar las perspectivas de las personas transgénero, así como llegar a las incontables mujeres en general que se identifican con lo femenino y se han llegado a sentir alejadas del movimiento.

Y en el capítulo 20, “El Futuro del Queer Trans Activismo”, trato de demostrar cómo algunas creencias y supuestos que han sido tomados como un hecho y que prevalecen en la teoría y las prácticas políticas queer y transgénero contemporáneas, se han dedicado a asegurarse que las perspectivas y los asuntos de las mujeres transexuales sigan quedando en segundo plano en relación a los intereses de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero en general.

Sostengo que, en lugar de centrarse en “sacudir el binario de género” -una estrategia que, invariablemente, enfrenta a las personas que se ajustan a las normas de género y a aquellas que se sitúan afuera de las mismas, poniéndolas unas contra otras- deberíamos de trabajar para desafiar todas las formas de asumir un derecho automático a la superioridad de género (es decir, cuando una persona privilegia sus propias percepciones, interpretaciones y evaluaciones de los géneros de alguien más, por encima del modo en que esas personas se entienden a sí mismas).

Después de todo, la única cosa que todas las formas de sexismo tienen en común, ya sea que estén dirigidas a las mujeres en general, a las y los homosexuales, a las y los transexuales, y a otros- es que todas comienzan con la imposición de ideas preconcebidas y juicios de valor, sobre los géneros, los cuerpos y los comportamientos de otras personas.

Traducción realizada por Akntiendz de la intro del libro de Julia SeranoWhipping Girl. A Transsexual Woman On Sexism And The Scapegoating Of Feminity (Se traduce más o menos como: La Chica del Látigo.  Una mujer transexual opina acerca del sexismo y el chivo expiatorio de la feminidad.)

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Otros capítulos de La chica del látigo:

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