La importancia de acompañar la transexualidad en la infancia.

La transexualidad es la condición por la que el sexo de una persona (su sexo sentido) no corresponde con el sexo que se le asignó al nacer.
A día de hoy el conocimiento ha avanzado lo suficiente para entender que esto no es ni una enfermedad, ni un trastorno; que es una variante más de la diversidad humana.
Todas y todos tenemos rasgos de ambos sexos. Y si bien no es lo más frecuente, la sexuación cerebral puede darse en una dirección, y la sexuación genital en otra. Es el caso de las niñas con pene y los niños con vulva.
Los informes “oficiales” hablan de una prevalencia de 1 de cada 10.000, si bien los resultados de estudios más recientes arrojan una cifra de 1 de cada 1.000 [1].
Sabemos ya que somos hombre o mujer, niño o niña, independientemente de los genitales. Que la identidad no se haya entre las piernas, sino en la cabeza. De hecho, hay ya evidencias científicas que señalan que la identidad sexual puede residir en un núcleo límbico, la estría terminalis [2], y que queda establecida antes del nacimiento.
Pero para conocer con certeza la identidad de un niño o una niña, habrá que esperar hasta que, con la conquista de lenguaje, alrededor de los 2 años, sea capaz de nombrarse, y empiece a expresar el sexo con el que se identifica, el sexo que es: “Soy un niño” o “Soy una niña”.
Y esto no es algo que se elige, o que se prefiere. Se es.
Por supuesto, sobre esa identidad se irá construyendo la personalidad que, sin lugar a dudas, y muchas veces de manera brutal, irá siendo moldeada por los roles de género impuestos, por las expectativas y las normas sociales que definen cómo “deben” ser los niños y cómo las niñas.
En nuestros hogares, fuimos criando a nuestras hijas e hijos según el sexo que se les suponía. Pero la fuerza arrolladora de su identidad sexual desbordando las imposiciones de género nos demuestra que la construcción social no explica la razón de su identidad.
Cuando se desconoce la realidad de la transexualidad, a muchos de los menores a los que al nacer se les asignó un sexo equivocado en atención a sus genitales, se les niega la posibilidad de vivirse como el niño o la niña que en realidad son.
Lo que un niño o una niña en esta situación necesita, como todos los demás, es que su entorno sea capaz de escucharle, de aceptarle y de amarle tal y como es. De acompañarle en su proceso vital, que quizás por su condición tenga sus particulares complicaciones.
Los datos de las investigaciones más actuales nos muestran que la diferencia entre acompañar a un niño o una niña en situación de transexualidad o negar su identidad puede ser abismal.
Los testimonios recogidos de personas adultas transexuales hablan de una infancia perdida y nos resulta aterrador saber que la tasa de intento de suicidio entre los adultos transexuales a quienes en su infancia se les negó su identidad es del 41% [3] (mientras que entre la población general es de un 1,6%).
En cambio, nos llena de esperanza conocer los resultados de una investigación que se realizó con jóvenes transexuales a quienes se respetó su identidad, se les acompañó desde sus familias y se les ofreció tratamiento para el bloqueo de la pubertad. En dicho estudio se observó que tanto los indicadores de calidad de vida y felicidad, como los índices de ansiedad y preocupación por la propia imagen corporal fueron similares o incluso mejores a los de la población no transexual de su misma edad [4].
No queremos que nuestras hijas e hijos pierdan su infancia. No queremos en su futuro la sombra del suicidio.
Queremos que puedan desarrollarse, que puedan jugar, aprender, crecer. Que puedan sonreír. Que puedan desplegar su ser al máximo de sus posibilidades. Que puedan vivir. Que puedan ser.
Para ello, sus madres y sus padres hemos decidido caminar a su lado.
Y vamos a necesitar que tanto la comunidad educativa, como los profesionales de la salud y todo el entorno social nos de la mano en esta aventura.
La vida de nuestras hijas e hijos va en ello.
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23 de Octubre de 2015
Aingeru Mayor
Sexólogo y presidente de CHRYSALLIS Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales
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[1] “The Incidence and Prevalence of SRS among US Residents ” Horton, 2008
[2] “Male-to-female transsexuals have female neuron numbers in a limbic nucleus” Kruijver et al.
[3] “Injustice at Every Turn. A Report of the National Transgender Discrimination Survey”, Grant et al., 2011
[4] “Young Adult Psychological Outcome After Puberty Suppression and Gender Reassignment”, Vries et al., 2014

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