LA INTUICIÓN DE UNA ABUELA

Hace 7 años nació Oier, el cuarto de mis nietos; un niño precioso y sano como los otros tres.

En sus primeros meses de vida sufrió cólicos y lloró mucho. Mi hija decía que el niño dormía muy mal y que estaba agotada. Le ofrecí que me lo dejara a dormir unos días para observarlo…

Me di cuenta de que al niño algo le pasaba, he insistí a mi hija para que volviera a  llevarlo al pediatra; esta vez éste, no podría poner como excusa que era una madre primeriza.

Tras un largo tiempo, del pediatra al endocrino pediátrico y de ahí a urgencias, al final le diagnosticaron celiaquía. Con la alimentación adecuada mejoró muchísimo, pero seguía sin dormir bien…

De pronto le observé que empezaba a esconderse el pene entre sus piernas y a decir que las niñas no tenían.

Buscaba en mis cajones mi ropa interior, bodys, combinaciones…cuantas más puntillas, más le gustaban y también empezó a pedirme faldas, vestidos…

Cuando observé que “disfrazándose” era feliz, empecé en mercadillos a comprar faldas largas, camisetas y nikkis con muchas lentejuelas… Recuerdo una vez, que encontré un gorrito como de árabe con una tela que colgaba por detrás y pensé. “este será perfecto para hacer de melena”…

Con todo este vestuario, junto con sus primas, en las reuniones familiares organizaba espectáculos. Siempre quería actuar de niña. A veces venía llorando…”amama (abuela), es que quieren que actúe de niño pero yo no quiero, yo también quiero hacer de niña”. Sus primas le decían: ”es que, alguna vez tendrá también que hacer de niño…!!; todos los actores hacen papeles diferentes” y yo les decía que sí, pero que él todavía era pequeño para entender eso. Sabía que de esta manera Oier se sentía apoyado y podía actuar como niña.

Yo siempre colaboraba preparando al resto de la familia para ver sus actuaciones y para que le aplaudieran. Así veía feliz a mi nieto.

Cuando se quedaba a dormir, como a los otros nietos, le encantaba que le contara historias de cuando yo era pequeña y siempre me pedía que le repitiera una que le gustaba especialmente. La historia empezaba así:

“Yo vivía en una finca en el monte. Mi papá era el guarda de aquella finca. Y allí vivíamos dos familias. La única chica era yo pues el resto de mis 4 hermanos eran chicos. En la otra familia también había solo chicos; eran tres hermanos. Uno de ellos siempre pasaba a jugar conmigo. Hacíamos comiditas y él era un artista y muy creativo. Hacía preciosas muñecas con un palo y una patata por cabeza. Con el palo de las pinochas, les ponía melena y con ropas y telas viejas, las vestía. También le gustaba coger flores en el campo: margaritas, amapolas,…hacía ramitos y me las regalaba. Decía:”para ti, por ser mi amiga”.

Entonces Oier me preguntaba: amama, ¿no crees tú que aquel amigo tuyo sería una niña como yo?”…

Un día mi hija apareció en casa muy cansada y confundida con todas estas actitudes. “Ama, se acabaron los disfraces; esto se está pasando de la raya y tú estás alimentando sus obsesiones”.

Pensé que como yo no era ni su padre ni su madre, no podía decir nada. Pero al día siguiente, apoyada por la pequeña de mis hijas, les dije que esa era mi casa y que no iba a esconder los disfraces. Mi nieto en ese momento era feliz así y no hacía daño a nadie; la vida, en el futuro, ya lo diría… Así que, si querían que lo trajeran y que si no, ellos verían.

Después de unos días, cuando el bajón y la discusión ya se habían pasado, mi hija volvió a traer a Oier a casa y este continuó con mis faldas y mis vestidos…

Un día Oier llegó de la ikastola llorando: “amama (abuela), mi mejor amiga, se lo ha contado a otro chico y se han reído de mí. Ya no quiero ponerme faldas. No quiero que se rían de mí”…

 Entonces comprendí que aquella situación no podía continuar. Tenía claro que Oier era una niña. Apoyé a mi hija todo lo que pude para que hiciera el Tránsito y puse su nuevo nombre con letras grandes en mi mente. Ahora, aunque a veces me equivoco, Malen me perdona.

Yo no sabía lo que era una persona transexual, pero cada día aprendo con todo lo que mi hija me enseña. Gracias a la Asociación Chrysallis, está aprendiendo mucho y estoy muy orgullosa de que sea tan valiente, capaz de enfrentarse a todos los retos que la vida le va a deparar.

Ahora a Malen, como a los otros nietos, entre semana la veo menos; están llenos de tareas y de extraescolares. Pero hablo con ella por teléfono. Un día me dice: ”amama, voy a ser modelo” y yo le digo: “me parece genial, pero ya sabes que ahora no basta con ser guapa y tener buen tipo; te exigen saber idiomas, ser educada, tener cultura, ser sencilla y respetuosa…”, “amama…¿y también me van a exigir matemáticas? ”también, también…así que estudia mucho”.

A los dos días me dice que quiere ser bailarina. “Estupendo Malen. Ayer leí en una revista a una bailarina muy famosa que decía todo lo que le había ayudado el ir al Conservatorio, así que tú Malen, vas por buen camino. También haces ballet que te gusta mucho, así que sigue esforzándote todo lo que puedas”.

Yo, por si acaso, ya le he regalado un tutú rosita, y… ¿quién sabe?…

Gracias Malen por tus besos y abrazos.

Gracias a mi hija pequeña por su apoyo y por tirar del carro con mucho sentido común.

Gracias a mi marido, que ahora dice a sus amigos: “antes tenía 2 nietos y 2 nietas y ahora tengo 3 nietas y un nieto”. “¿Cómo? …” le preguntan. Y él les cuenta y les explica…

Soy feliz. Os contaría muchos más detalles de la convivencia con mi nieta. En este momento he aprendido muchas más cosas, pero he decidido continuar mi relación con ella como hasta ahora, con mucho amor y respeto. Sus padres ya están para educarla, yo solo les doy algún consejo y hago lo que más me gusta: ejercer de AMAMA (abuela).

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