Me quiero llamar Leo

Ésta es la historia de Leo, el hijo de Louise y Ferran, cantantes del grupo Anímic.

Marc Balfagón   22/02/16  logo_diago-1
Leo, el hijo de Ferran y Louise, del grupo Anímic.

Enfundado en un antiguo vestido de su madre. Así salió a escena para interpretar sus canciones el catalán Ferran Palau en el pasado festival Primavera Sound. A algunos les debió de desconcertar. A otros, conocedores de la historia de Leo, su hijo de seis años, les pareció un bonito gesto.

Leo nació con vulva. En un primer momento le llamaron Mia, pero al poco tiempo empezó a no comulgar con los clásicos corsés de género asociados al sexo femenino: ropa, peinado, etcétera.

Ferran Palau en concierto con un vestido de su madre
“Ferran quiso hacer mención silenciosa al hecho de que no importa lo que lleves, nada tiene que ver con tu sexualidad o género, es sólo ropa. Tenemos que empezar a hacer lo mismo, ser valientes e ir en contra de lo que nos marcan y obligan”, cuenta la inglesa Louise Sansom, madre de Leo y cantante, junto a Palau, del grupo de folk-pop Anímic.

Aunque en estos últimos meses los periódicos han arrojado noticias tan preocupantes como la del suicidio del menor transexual Alan, la historia de Leo no es traumática. Aunque, como es comprensible, fue una situación chocante para unos padres primerizos. “Cuando nació Leo, como muchos otros padres, dimos por sentado que era una niña, debido a que tenía vulva. Pero hacia los dos años empezó a mostrar rechazo por todo lo que significaba ser niña. A los cinco años empezó a preguntarme cosas que ya me parecían demasiado serias: que por qué me había equivocado al tenerle. Que si había sido un fallo del médico. Que no quería que le crecieran pechos. Y finalmente que por qué le había puesto nombre de niña”, nos explica la madre de Leo.

Después de eso, y tras buscar información y ver algunos vídeos en YouTube, Ferran y Louise contactaron con la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis buscando consejo. “Al día siguiente y después de pasarnos la noche leyendo y hablando, Ferran y yo nos dimos cuenta de que había que preguntarle a Mia, nuestra hija, si quería un nuevo nombre. Nos contestó casi antes de acabar la frase: sí, me quiero llamar Leo”.

Unos meses más tarde, esta pareja de músicos ya había contagiado su inquietud por la estigmatización de los niños con identidades transgénero a su entorno más cercano, también el musical. En diciembre participaron, con otras bandas, en un concierto benéfico con tal propósito en la sala Sidecar de Barcelona.

Si alguien pensaba que esconderían su historia en el ámbito privado, se equivocaba. Vieron la música como un campo de batalla más para visibilizar el rechazo que sufren las personas trans. “Te das cuenta que es un tema poco explorado por muchos y que Leo no sólo nos abre la mente a nosotros, sino a todos los que se encuentran a nuestro alrededor”.

Además, han percibido lo que les está pasando como un proceso de aprendizaje: “Es curioso que cuando nace un hijo piensas que le has de enseñar a vivir en este mundo, y después descubres que es él el que te abre el camino al conocimiento”.

Síntomas de cambio

En los últimos años parece que, cada vez más, las identidades sexuales alejadas de la norma son más visibles en el mundo de la música. Especialmente en terrenos difíciles como el del hip hop, donde siempre sobrevuela el tabú de la homofobia, aunque un poco menos desde que en 2012 el cantante Frank Ocean explicara que se había enamorado de un hombre un tiempo atrás.

El año pasado, muchos medios se preguntaban sobre lo que algunos denominan queer rap: una nueva y desinhibida generación de rappers vinculados al mundo trans donde destacaban nombres como Mykki Blanco o Cakes da Killa.

Hasta el histórico cantante gay de rap Big Freedia, que habitualmente viste ropas de mujer, está viviendo un boom tras salir en la serie de la HBO Treme, girar en 2013 con el grupo indie The Postal Service y aparecer en Formation, el último videoclip de Beyoncé que se estrenó hace unos días.

Estos procesos están aún muy lejos de lograr cierta normalización, pero de momento aportan un poco de esperanza. En otros ámbitos, como el punk-rock, también se ha puesto su granito de arena. En 2012 Tom Gabel, cantante del famoso grupo Against Me!, confesó a la revista Rolling Stone que era una mujer transgénero. A partir de entonces, cambió su nombre, ahora se llama Laura Jane Grace, y en 2014 se presentó al mundo tal y como ella se veía con el disco Transgender Dysphoria Blues.

Más cerca de casa, han proliferado propuestas como el Mad Grrl Fest, un festival transfeminista en el que participan “más de 20 bandas compuestas por mujeres, bolleras y trans”. Su nueva edición tendrá lugar en Madrid los días 4, 5 y 6 de marzo.

La música, otro campo de batalla

¿Por qué es tan importante la música para aflorar estas luchas?, ¿es realmente la música un escaparate con capacidad para cambiar nuestras inercias? Para Louise Sansom, “cuando personajes públicos hablan sobre este tema la gente les escucha, más que a los políticos, ¡incluso más que a su madre a veces! Y cada vez que hablan remueven un pensamiento. Hacen que alguien se plantee otras posibilidades, otros caminos, otras maneras de hacer… Las personas se liberan”.

Puede resultar triste admitirlo pero es evidente que a menudo necesitamos este tipo de palancas para salir del ensimismamiento. “Lo de Caitlyn Jenner o el hijo de Angelina Jolie son claros ejemplos de esto. El hecho de que se respete su identidad hace que la sociedad se pregunte ‘¿por qué no deberíamos dejarles ser quienes quieran ser?’ Y esto siempre será positivo para todos. Sin visualizar, no avanzamos”, apostilla la madre de Leo.

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