Mi hijo a los tres años se sentía una niña

Fuente: laverdad.es Alicante    

ESTHER BROTONS@ebrotonsbaile

Desde muy pequeño decía a su padres que era una niña. Y no querían que la llamaran por su nombre. «Con tres años se sentía y me verbalizaba que era una niña. El pediatra me dijo que estaba imitando a su hermana, pero yo sabía que estaba pasando algo», comenta Eva Martínez. Sin saber dónde recurrir buscó ayuda en una asociación, donde se instruyó y a su vez formó a profesores, alumnos y padres y madres de la comunidad educativa. La familia estaba viviendo un «horror». Su hija se negaba a ir al colegio. En casa podía vivir su identidad con naturalidad, pero en la calle volvían a vestirla de niño. Eva y su marido, vecinos de la provincia, dieron el tránsito hace nueve meses tras cumplir los 5 años.

La ley de Transexualidad que prepara la Generalitat va a incluir un protocolo de atención educativa a la identidad de género. Una normativa esperada por las familias, en permanente lucha por defender los derechos de sus hijos y que se prevé que esté aprobada para su tramitación parlamentaria en el primer semestre del año.

Las instrucciones a los centros educativos tienen como objetivo visualizar, respetar y proteger a alumnos transexuales de posibles casos de acoso escolar o discriminación. Aunque ya existen unas instrucciones, el director general de Política Educativa de la Conselleria, Jaume Fullana, afirmó ayer que es necesario «revisarlas» para evitar la exclusión social de los estudiantes.

El protocolo establece en primer lugar que los centros deberán garantizar que la documentación administrativa -por ejemplo, listas de clase o información publicada en los tablones de anuncios- recojan el nombre escogido por el alumno, siempre con el consentimiento de sus padres o tutores legales. Ademas, se respetará la imagen física, la libre elección de la indumentaria del alumno y la comunidad educativa tendrá la «obligación» de dirigirse a los menores transexuales por el nombre que hayan elegido.

También se garantizará el acceso a vestuarios y lavabos, según su identidad de género, y si el estudiante se cambia de centro no se dará a conocer su condición transexual a la comunidad educativa.

El protocolo anunciado ayer por el Consell es aplaudido por Eva, quien ahora mismo está luchando por que cambien el nombre de su hija en la información que llega al colegio procedente de la Conselleria de Educación. Son, por ejemplo, listados de escolares para dar información y que se cuelgan a la vista de todos. «En la información interna del colegio aparece su nombre, pero en la otra no. Es la única que tiene un tachón y al lado su nombre; los niños ya empiezan a leer, podría sentirse discrimina», explica. No es su única batalla. Busca también el cambio en la tarjeta sanitaria, para que en el centro de salud dejen de llamarla por el nombre oficial, y espera que la futura ley y el protocolo faciliten un poco el camino, se dé visibilidad, se normalice y se promueva la formación.

«La transexualidad no es un capricho, está en el cerebro, hay quien pensará que soy una madre loca que visto a mi hijo de mujer; mi niña está sana, es súper lista y somos una familia muy bien estructurada, me da miedo cuando se haga más mayor y se dé cuenta que la sociedad te marca por los prejuicios que existen», apunta Eva.

Encarnación González ya tiene más pasos hechos. Ha conseguido que su hija, de 13 años, haya podido cambiar su nombre -tenía en el DNI uno masculino- en el Registro Civil. Otra madre luchadora, que asegura que el protocolo de educación se está presentando en municipios y «en mi pueblo se tiene desde septiembre y no se ha hecho nada». Para Encarnación, es necesario que el protocolo se trabaje desde los consejos escolares. «Aunque en los últimos años se ha avanzado falta visualizar la transexualidad y los políticos no pueden mirar a otro lado», afirma.

Desde «muy pequeñita» su hija también sintió que era una niña. En aquel entonces buscó información por internet pero apenas encontró. Hasta que localizó la ayuda de una asociación que acudió a formar a la comunidad educativa y al entorno. «Ella está muy respalda por sus compañeras, es feliz, pero nos lo hemos tenido que ganar; las leyes y los protocolos son imperiosos; cuántas familias habrán sufrido por falta de información y de formación».

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