Niños que mueven el mundo

  • El PaísPequeños activistas como Malala logran grandes transformaciones

  • Pese a ser extraordinarios, tienen derecho a vivir su infancia

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Unicef conoce bien de qué están hechos los niños, sobre todo, allí donde más difícil es serlo. “Hay muchas malalas en el mundo”, cuenta Crespo tirando de la experiencia de sus viajes, “muchos niños que mueven el mundo y no conocemos, que son capaces de cambiar la mentalidad de sus padres por una idea”. Y a veces casi sin ser tener edad para ser conscientes de ello. Eso le ocurrió a Coy Mathis, la niña que con solo seis años logró el pasado mes de junio en Colorado una de las sentencias más celebradas por el colectivo transexual de Estados Unidos. Gracias a ella, que nació con sexo masculino, gracias a la expresión de lo que sentía y al tesón de sus padres, Kathryn y Jeremy Mathis, el colegio al que acude, en Colorado (EE UU), tuvo que abrirle las puertas de los baños para niñas.

Mathis, de seis años, logró en EE UU una sentencia histórica para los transexuales

La pequeña Mathis empezó a inclinarse hacia todo lo que tuviera que ver con el sexo opuesto a los 18 meses. Con cuatro años, su identidad era ya la de una niña. Sus padres trataron de que la dirección del colegio, el centro elemental Eagleside, dejase que Mathis fuera al lavabo de sus compañeras, pero la escuela negó la mayor el pasado mes de diciembre y apuntó hacia sus órganos genitales como motivo. Con la ayuda de la Fundación para la Defensa Legal y Educación de los Transexuales, los Mathis fueron ante el juez y el pasado 25 de junio ganaron la demanda civil, con una sentencia pionera en EE UU, “la más comprensiva con relación al acceso de los transexuales a los baños”, según la organización estadounidense. “Ejemplos como el de Coy Mathis dan mucha fuerza”, apunta Ronny de la Cruz, vicepresidente de Cogam (Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid). “Habrá gente”, continúa De la Cruz, “que cierre los ojos porque se trata de una niña, pero habrá otra mucha que se pare y la escuche”. De la Cruz, de 24 años y con una larga experiencia en contacto con grupos de jóvenes, resalta el impacto que tiene que “alguien tan joven tenga claras cosas que mucha gente no logra tener en toda una vida”.

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Fuente: El País, Sociedad (Óscar Gutiérrez Garrido)

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