Niños transexuales, una cuestión de identidad

“¿Mamá estoy guapa?”, preguntaba Elián con apenas tres años. También se cuestionaba si podría tener un hijo en su tripa cuando fuese mayor. A la hora de elegir un disfraz, el de princesa. La hija de Violeta Herrero está a punto de entrar en la pubertad, pero cuando hacía estas preguntas, su madre admite que “la corregíamos hasta que percibimos que así le hacíamos daño”. Los genitales de Eli, hace años Fernando, son de varón. Eli es una niña transexual.

“¿Tú sabes que tu cuerpo es de hombre?”, intentaba explicarle Violeta a Eli. Esta madre confiesa que observaba en su hija comportamientos femeninos antes de los dos años, que a partir de los tres lo empezó a verbalizar y desde los seis su aspecto de chica ya concuerda con sus sentimientos. Violeta describe para Infoactualidad el largo recorrido que ella, su marido y la niña han experimentado estos años, y todo lo que queda aún por hacer. La primera parada fue con una psiquiatra cuyo consejo fue “hay que aprender a frustrar este sentimiento desde pequeños” y repetía una y otra vez a Eli que “los niños no se visten de niñas ni las niñas de niño”. No es de extrañar, es el pensamiento de la mayoría de la sociedad. Tras acudir a la experta, lo siguiente fue un programa de atención a homosexuales. Y después, el trabajo consistió en hablar con padres de los compañeros de Eli, sus profesores y amigos. Había llegado la hora de reconocerle como una chica.

Un paso importante, asegura Violeta, fue el cambio de nombre. “Le preguntaban cómo se llamaba y, o se callaba, o decía que no se acordaba”. Eli no se identificaba con Fernando, reivindicaba desde el silencio su verdadera identidad. Contenta con lo que han conseguido hasta ahora, incluyendo el cambio de nombre o el uniforme femenino, Violeta explica que “nos queda mucho por hacer, la ves feliz pero está entrando en la pubertad y piensa en la depilación o en los sujetadores con relleno”.

“Mi sentimiento era de culpa por si estaba haciendo algo mal”

Eli puede presumir de tener una familia unida que la ha apoyado en todo momento, algo que no todos los niños y niñas transexuales pueden decir, pues como indica Violeta “los que no salen es porque no tienen la capacidad de hacerse oír”. A esta menor, en cambio, “la hemos tenido preparada para que se metiesen con ella”, asegura esta madre luchadora, y añade que por suerte no ha recibido muchas críticas. Recuerda una ocasión en la que la niña denunció que la había llamado travesti y desconocía el significado de la palabra. Al referirle su madre que era “un chico que se vestía de chica o al revés” ella contestó “ah, yo no soy eso, yo soy una chica”.

Eli es la hermana mediana de tres, dos niños orgullosos de ella. En cuanto a su padre, Violeta reconoce que lo asumió mejor que ella, que se cuestionó en ocasiones qué estaba haciendo mal. El padre de Eli respondía siempre “lo importante es que la niña esté feliz”. Muchas parejas atraviesan crisis matrimoniales en casos como este, pero Violeta y su marido son el ejemplo contrario, un matrimonio reforzado. Como la autoestima de la propia Violeta que reconoce que se ha fortalecido, “he tenido que enfrentarme a mucho”.

“Reivindicamos para nuestros hijos el reconocimiento social de su identidad”

Los menores transexuales tienen su propio altavoz gracias a familias involucradas en defender sus derechos. La Asociación de Menores Transexuales Chrysallis empezó su andadura en julio de 2013, convirtiéndose en la primera y única dirigida a niños y a nivel estatal. Hoy, son más de 100 menores afiliados, entre ellos Eli y su familia, en la asociación dirigida por Eva Witt. Dado su éxito, se han formado asociaciones regionales en País Vasco, Aragón, Andalucía, Castilla la Mancha o Murcia. Infoactualidad entrevistó a Saida García, presidenta de Chrysallis Madrid, que explica que el principal objetivo de la asociación es “conseguir el bienestar absoluto de los menores” y añade que para conseguirlo hay que interactuar con muchos colectivos: los colegios, la sanidad, la sociedad, la ley… y la familia. “Cuanto más estable sea ese primer núcleo, la familia, los menores van a estar mejor preparados para afrontar lo de fuera”.

¿Por qué Chrysallis? “Muchos de estos menores se detecta enseguida pero otros sufren una etapa de estar escondidos y cuando salen al mundo y se les deja ser como se sienten es como salir de la crisálida”, señala Saida, que intenta definir un fenómeno aún catalogado como enfermedad mental. “En los transexuales no coinciden sus genitales con lo que ellos sienten. No quiere decir que estén en un cuerpo equivocado”, y hace alusión a la teoría sin demostrar de algunos expertos sobre un cambio de hormonas en el periodo de gestación como posible origen. Sus amistades, aficiones, la forma de ver la vida y las reacciones ante situaciones son algunas de las “pistas” en la conducta de los niños transexuales antes de verbalizar lo que de verdad sienten.

La transexualidad, y más en menores, choca en una sociedad acostumbrada a que todo esté muy claro. “La mayoría de casos de acoso no son transfobia, son ignorancia”, sentencia la presidenta madrileña que ha vivido en primera persona esta situación. Su hija es una niña transexual de ocho años que llega a casa contenta con su uniforme de chica, su mochila rosa y una de las diademas de su gran colección. Por suerte, son escasos los momentos en los que se han metido con su identidad. Se estima que hay un caso de transexualidad por centro educativo, según Saida. En cuanto a la edad media de los menores asociados, esta madre admite que tienen muchos pequeños y que “hay un rango de edad en la adolescencia que interiorizan la culpa y se callan”. Abordó para Infoactualidad el tema de la operación y confesó que “como madre, me haría feliz que no se opere, que se acepte cómo es”.

Los medios de comunicación, misión: visualizar

“La visibilidad es fundamental pero bien entendida. Beneficia la información veraz”, apunta Saida sobre el papel de los medios de comunicación. Programas en diferentes televisiones o reportajes en periódicos son cada vez más habituales, y los menores cada vez son más protagonistas. Pero puede ser un arma de doble filo. Saida recuerda una entrevista televisiva con algunas madres que acabó sacando el lado más sensacionalista del tema. Violeta también opina de la calidad de la información sobre la transexualidad. “La palabra cambio de sexo nos hace daño”, pero añade, como Saida, que es muy positiva la visualización mediática.

Una sociedad formada puede conseguirse con medios objetivos que traten el tema de la transexualidad en menores de edad con respeto. Eliminar tópicos como “es un capricho”, “es imposible que un niño se plantee eso” o “la culpa es de los padres” costará tiempo, pero visualizar casos personales es el primer paso. Salir de la crisálida no es nada fácil.

Fuente: Infoactualidad (María Milán García)

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