No se me va a pasar

Cuando me negaba a llevar falda, mamá se ponía muy seria, y entonces sabía que me iba a decir lo de siempre: “Tienes que darte cuenta de que eres una niña. Lo quieras o no, naciste así y eso es lo que eres, no se puede cambiar. Prométeme que lo intentarás, o te encontrarás problemas, y yo…, nosotros (miraba a papá), no queremos eso. Lo entiendes, ¿verdad?”, me decía. Y yo notaba que no se sentía bien y me daba mucha pena que se sintiera así por mi culpa. Entonces me acercaba a ella y le respondía muy bajito una mentira: que sí, que lo intentaría, que lo intentaría mucho, todo el rato, que se lo prometía, muy fuerte, muy fuerte. Y cogía despacio la falda. Pero me parece que ella no se lo creía, porque me miraba fijamente y con cara de preocupación. No me daba miedo que no se lo creyera, porque sabía que de todas formas me quería mucho y que siempre me querría igual. En realidad ella ya lo sabía todo entonces, porque siempre pasaba lo mismo. Era como si mamá pensara que me había asustado, y se sentía mal. Me quitaba la falda de las manos y me daba un chándal, y luego me cogía la cabeza y me comía a besos; me daba muchos besos de esos muy fuertes, que me hacían un poco de daño de lo fuerte que apretaba, pero no me importaba, porque con esos besos me daba cuenta de que me quería, aunque estuviera triste. Y luego seguía con sus cosas, aunque me miraba de vez en cuando a ver si ya no hacía pucheros. Me hubiera gustado que se riera, que no se preocupara por culpa de cómo soy.

Papá también estaba preocupado. A veces, cuando estaba jugando con mis cosas en el suelo, me miraba muy serio creyendo que yo no me daba cuenta. Y ponía esa cara que pone cuando está preocupado. Yo me hacía el tonto y buscaba una excusa para que viera que no pasaba nada, que todo iba bien. “Papá, ¿quién es más fuerte, Lobezno o Spider-Man?”, y le enseñaba los dos muñecos. Y papá sonreía y me decía que Lobezno, o que Spider-Man. Cada vez me decía que uno. Y me contaba una historia poniendo voces, en la que al final la Seño Mercedes castigaba a Spider-Man y a Lobezno de cara en la pizarra. Y seguía con sus cosas. Y yo me sentía mejor porque él ya no estaba serio.

Cuando se lo pedí, no pensé que todo fuera a ser tan fácil. Si lo hubiera sabido se lo hubiera pedido antes. Ya lo había intentado, pero no funcionaba. “¿Me dejaréis que juegue a ser un niño? No me refiero a yo solo, tenéis que jugar conmigo. Pero que se lo crea todo el mundo, ¿vale?”. Y aunque decían que sí, luego no jugaban. Se olvidaban. “Oye, que hemos quedado en que soy un niño, tenéis que jugar”. “No quiero jugar más, eres mi niña y quiero que seas mi niña y solo mi niña”. Así que un día se lo pedí de otra forma. Más en serio, sin jugar. Fui a mamá. Mamá siempre me hace más caso. Es mejor ir a ella. “Mamá, ¿cómo se le pone pene a las chicas?”. Y ella lo entendió. Mamá lo entiende todo. “A las chicas no se les pone pene. Se ponen pene algunas mujeres que se sienten hombres. ¿Acaso tú te sientes un chico?”.  “¡Claro! ¿Es que no os habéis dado cuenta de que en realidad soy un chico? Os lo he dicho muchas veces”. Y salió con lo mismo: “Es que tienes chochete, mi vida, no eres un niño”. Pero esa vez yo ya estaba preparado: “Es que no puedo ser una niña más tiempo. Soy un chico. Mira, podríamos empezar en casa. Y en la calle solo con los míos (es como llamo a los de la familia)”. Y mamá esperó un poco y me dijo que ya veríamos. Me puse muy contento porque cuando mamá dice que ya veremos luego es que sí. Dejó lo que estaba haciendo y se puso a mirar Internet. Siempre que quiere saber algo se pone a buscar en Internet. Y luego habló con papá. Lo llamó y dejó que yo estuviera allí. Y se lo dijimos. Bueno, se lo dijo mamá: “¿Recuerdas lo que hablábamos el otro día? Pues aquí lo tienes, me ha dicho esto” (y le contó lo de los penes). Y papá puso una cara rara y seria y no sabía qué decir, pero no se enfadó. Y mamá le enseñó una cosa de Internet. No sé qué era, pero algo grave, porque se pusieron más serios aún. Y yo les dije que no se preocuparan, que iba a ser bueno. Y que lo del pene no era lo principal, que en realidad eso podía esperar, que de momento me conformaba con que me trataran de chico. Y entre mamá y yo convencimos a papá, y al final papá, que tenía un nudo en la garganta, dijo que bueno, que vale, pero que lo haríamos hasta que yo me hartara y se me pasara. Y que solo en casa. “Y con la abuela”. “Vale, y con la abuela. Pero…”. Y entonces me puse muy contento y elegí mi nombre. Nunca lo había pensado. Solo quería que vieran que soy un niño, pero nunca se me había ocurrido que cuando lo consiguiera necesitaría un nombre de niño. Y elegí uno y no les gustó mucho, pero me daba igual, estaba tan contento…

Sabía que papá también iba a decir que sí. Los dos me conocían desde hacía mucho, no se extrañaron. Me cortaron el pelo como chico. Ya no tenía que ir con el pelo de chica. Y yo estaba tan contento que se lo dije a todos. ¡Por fin soy un chico! En el cole, a la abuela, a mi hermano, a la tita, a todos. Y también vinieron los abuelos de Madrid a vernos y a que se lo contáramos. Papá siempre se ponía serio y cuando creía que no le oía decía lo mismo: “Es hasta que se le pase”. (Pero yo sabía que no se me iba a pasar. ¿Por qué se me iba a pasar si aquello era tan genial?).

Luego se acostumbraron, poco a poco, y ya no lo ven raro. Papá al principio se confundía mucho y me llamaba como chica, pero luego ya no, y se puso muy mimoso. Nunca había sido tan mimoso. Y quería jugar conmigo al fútbol, y nos íbamos todos los días al parque o al vial. Y me enseñó a montar en bici. Con mi bici pequeña. Y me sacaron un DNI con mi nombre de chico. Y luego, cuando papá encontró trabajo, me compraron la bici grande. Y mamá siguió mirando en Internet. Y habló con mucha gente. Y todavía sigue hablando. No para de hablar. Y va aquí y allí a ver a gente trans. Y luego está lo de la Asociación, donde hemos conocido a muchos niños como yo. Y papá ya no dice “hasta que se le pase”, y ya no tendré que ser niña nunca más. Me sentiría muy mal. Cuando miro las fotos de antes, no entiendo cómo me llevaban así, vestido de niña. Estaba tan raro…

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