“No soy una niña, soy un niño”

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HUGO GUTIÉRREZ Pamplona

A Saray Barco le dijeron en 2012 que tenía un hijo de seis años. Siempre fue un niño, pero casi nadie lo reconocía como tal. Keiran es el segundo de sus tres hijos y visitaba entonces al psiquiatra por problemas en su comportamiento: “No os preocupéis, no hay ningún problema. Lo que tenéis es un niño, no una niña”, le dijo el especialista. Keiran es uno de los 700 menores en situación de transexualidad que hay en España. En su caso, “un niño con vulva”, el tránsito al sexo sentido lo pudo realizar en el colegio con la ayuda de un sexólogo. “El Gobierno de Navarra tiene desde enero de 2016 un protocolo de actuación para formar e informar al entorno del menor”, explica el sexólogo Iñaki Goñi.

Navarra no es la única región que cuenta con un protocolo en educación para casos de alumnos transexuales. Hay protocolos o recomendaciones para actuar en los centros en otras nueve comunidades autónomas: Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Cataluña, Extremadura, Madrid, Murcia y País Vasco. Pero Navarra ha ido más allá y cuenta con un equipo de expertos que intervienen en los centros que así lo requieren, ya sean públicos, privados o concertados. En lo que va de año se han atendido a ocho menores e informado a más de 200 familias de la región.

 Los padres de estos menores aseguran que lo más importante es la aceptación en el centro educativo y el entorno social. Carlos Echenique, padre de un niño de cinco años en situación de transexualidad, se siente afortunado porque el colegio lo entendió como un hecho de diversidad y no como un problema: “Si no se respeta la identidad sexual del alumno, le situamos en el centro de la diana del acoso”.

Desde pequeño, el hijo de Echenique manifestó su sentir y la familia explica que todo el proceso previo demuestra que no es un capricho. “Desde que empezó a hablar nos decía: ‘Yo no soy una niña, soy un niño’. Además, rechazaba cualquier cosa que le identificase con la niña que no era”. Este caso, cuando tenía cuatro años, fue una de las ocho intervenciones realizadas este año en Navarra. “Entendimos que teníamos que superar el miedo y la angustia o nuestro hijo iba a sufrir muchísimo”, reconoce Echenique.

Los abordajes consisten en un plan integral de formación que abarca a toda la comunidad educativa: profesorado, personal administrativo y de servicios, así como madres y padres de compañeros del centro. Además, se explica en el aula del alumno con sus compañeros el tránsito que se realiza. Una formación llevada a cabo por expertos en sexología. “Se trabaja para que el cambio se haga desde la comprensión y la información”, explica Goñi, que ha realizado los ocho casos en los que se ha activado el protocolo.

Según un estudio sobre la necesidad de un protocolo de actuación en el centro educativo, Juan Carlos Martínez, en su trabajo fin de grado, entrevistó a 55 personas de Murcia y Andalucía en 2015. Del cuestionario se extrae que seis de cada diez alumnos transexuales andaluces consideraron su paso por el colegio o instituto agradable, mientras que en Murcia solo opinaron lo mismo tres de cada diez. Por entonces, la región de Murcia no contaba con un protocolo de actuación y Andalucía sí. Alejandro de la Cruz, en un estudio similar sobre los beneficios del tránsito al sexo sentido de los menores transexuales para la Universidad de Sevillacomprobó la mejora emocional en el 100% de los casos.

Con Keiran, esta mejora se ha mostrado del mismo modo en el colegio como en el contexto familiar. “Ahora es más abierto y feliz. No tiene que demostrar todo el día quién es, simplemente es él mismo”, cuenta su madre. Keiran, además, fue quien dio el paso de hablar con el sexólogo Iñaki Goñi para hacer el tránsito en el colegio. “Se sentó con él y le dijo: ‘Yo soy un niño y quiero que me ayudes”, cuenta Saray Barco emocionada. Goñi, tras estas actuaciones, habla desde la seguridad de que sentirse hombre o mujer no depende del físico: “Es algo que no depende de tener pene o vulva. Es una cuestión de saberse, sentirse e identificarse”.

Atención sanitaria

En el ámbito sanitario, la asociación Chrysallis, que agrupa a familias de menores transexuales, asegura que todavía hay mucho que mejorar. “Las principales unidades de atención a la identidad de género están dirigidas por psiquiatras, como si fuese una enfermedad”, asegura Natalia Aventín, presidenta de Chrysallis. Carlos Echenique reconoce que hay familias que lo están pasando muy mal: “En un sinsentido. No necesitan un diagnóstico, necesitan apoyo, información y acompañamiento”.

Barcelona ha sido la pionera en este sentido. Hace unas semanas ha anulado la necesidad de diagnóstico de disforia de género para que una persona transexual pueda acceder a los tratamientos que necesite a través de la sanidad pública. El Departamento de Salud ha cambiado así la atención sanitaria que recibía el colectivo para “despatologizar” el abordaje a estas personas.

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