Sin saberlo: siempre tuve un hijo.

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AUTORA: ELVIRA

El verano del 2001, nació mi niña linda a la que llamé Laura, aunque no era mi nombre ideal, ya que yo quería ponerle Kendall, mi familia me decía que era un nombre muy masculino, me dejé convencer y lo cambié .

De bebé era muy tranquila, no lloraba mucho, siempre a la hora de dormir le cantaba y la tranquilizaba.

Y al año la puse en la guardería, siempre iba muy triste, yo se lo notaba en su mirada, pero tardó mucho en hablar, y yo no sabía interpretar lo que ella quería decirme, sólo eran monosílabos, excepto cada vez que la vestía de “niña” que lloraba y decía: “¡no mamá!”, lloraba desconsolada  y yo no la entendía, pero poco a poco, cuando empezó a formar frases completas, fue cuando la que se disgustaba era yo, siempre la misma “perreta”, cada vez que quería ponerle un vestido en eventos como: bautizo, boda y comunión de algún familiar, ¡vamos, menudo suplicio!.

Mi marido, Antonio, fue el primero que me dijo: “¡si la niña no quiere un vestido, pues no se lo pongas!, ¡vístela como ella quiera!, y así no llora, ni tú te disgustas”. Tuve que darle la razón, y desde entonces, la niña era feliz con sus pantalones y yo más tranquila, pero no tardó en volver a las andadas con las camisetas, me arrancaba las florecitas y lacitos, y yo decía: “¡Dios mío, qué le pasa a esta niña, qué todo lo femenino lo rechaza!”. Cuando ibamos de compras a las tiendas se dirigía directa a la sección de niños, y decía: “¡mamá, esta camisa me gusta!”, y yo sorprendida la miraba y pensaba: ¡esta niña está confundida!, y le decía: “¡no Laura, esto es para los niños y tú eres una niña!”, y ella lo negaba firmemente: “¡no!”.

Y a los tres años y medio, ya hablaba correctamente, y me decía tanto, que no paraba de hablar, en cuanto se dio cuenta que yo empezaba a entenderla,  me expresaba sus deseos de tener ropa de niño y, yo por supuesto, inicialmente me negué,  y ella estaba triste y muy callada, pero al tiempo empecé a dejarme convencer, tanto por la niña, como por mi marido; y comencé a comprarle las camisetas básicas de niño, y la niña tan feliz; yo con eso me conformé…

Laura fue la primera en nacer,  después llegaron sus dos primas,  y la pobre estuvo jugando con ellas sin ganas, pues no le gustaba las muñecas y todo lo relacionado con lo femenino, así que cuando nacieron sus primos, su alegría fue inmensa, me decía: “¡ya puedo jugar con ellos al futbol, a los clips, a los coches, …!”,  a pesar de que tuvo que esperar mucho tiempo hasta que sus primos fueran los suficientemente mayorcitos, para poderlo hacer. ¡Pobrecita mía!!!. Sus primas siempre supieron que Laura no era como ellas y la respetaron.

Cuando Laura tenía seis años les dijo a sus primos que le llamasen Diego, yo no me enteraba de estos juegos, hasta que uno de mis sobrinos se lo comentó a su madre (mi hermana): “que su prima no era Laura, sino Diego”, y mi hermana conociendo en el tema de Laura, me lo comentó y yo que no tenía ni idea le contesté: “¡espera que seguro que se le pasa!, son juegos de niños”, pero ella me convenció de que no era así. Aunque yo no hice más que intentar que siguiera creciendo feliz.

Pasaron los años y en Enero de este año 2015, por casualidad o porque quizás era mi momento, mi hermana coincidió  en un cumpleaños de unos amigos comunes con Eva Pascual, hoy en día, presidenta de Chrysallis Canarias, donde ella contó la historia de su hijo David y mi hermana enseguida la asoció con la mía y después de comentárselo a Eva y de que ella le mandase esa misma noche un montón de “whatsapp’s” con información sobre transexualidad infantil y mi hermana me las iba reenviando a mi, primero con cierto reparo por miedo a que yo no quisiera saber nada del tema pero con la seguridad de que ella tenía que mandármelo por el bien de su sobrina, se negaba a no volver a intentarlo y en esa misma semana quedamos y me la presentó. Cuando la conocí, me explicó todos los aspectos de un niño transexual, y pensé: “¡¡Dios mío!!, mi niña Laura es un niño transexual!!”, perpleja me fui a casa trastocada y en cuanto Laura llegó del Instituto, le pregunté:”¿Laura, tú te sientes cómo un niño?”, y ella sin dudar respondió: “¡si, mamá, ya era hora de que te dieras cuenta!” y le volví a preguntar: “¿quieres que cambiemos tu nombre?”, y me contestó: ¡¡sí mamá!” con sus ojos llenos de lágrimas…

Me sentí tan mal, por no haberlo comprendido mucho antes, que lloré. Lloré  y lloré. Me costó mucho asimilarlo pero cuando se lo conté a mi marido; no se sorprendió, aunque le costó cambiarle el género, al principio cuesta pero es sólo cuestión de tiempo que uno se acostumbre, es sólo un acto de amor aceptar a tu hijo.

El nombre que eligió fue: “Axel”.

De esto hace unos meses, pero poco a poco, lo hemos ido viendo distinto: más cariñoso, más risueño y muy feliz, cada día mejor y con eso su padre y yo, ¡también somos felices y orgullosos de nuestro hijo!

8 thoughts on “Sin saberlo: siempre tuve un hijo.

  1. Elvira me siento totalmente identificada con tu relato. Mi hija estas navidades me a comunicado que se siente un niño y que quiere que lo trate como tal. Uffff…. desde entonces estoy completamente bloqueada. Me a hecho mucho bien leer tu testimonio.
    Besos

  2. Me he sentido tan identificada con tu post… lo que siempre me he negado a ver, estaba delante de mí.

    Este fin de semana pasado parece que se me han caído todas las vendas… pero es realmente abrumador.

    Con quién podríamos hablar para estar a la altura?

    Por privado por favor.

    Gracias y enhorabuena.

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