Sólo quiero que traten a mi hija como a una niña en todas las facetas de su vida

c_i_malagaPilar, la madre de la pequeña transgénero que estudia en el colegio San Patricio, habla de las barreras que hay que derribar por la desinformación ante los conflictos de identidad

“Mi hija es una niña con genitales de varón”. Ésta no es una afirmación que se dice de pronto, por capricho. No se llega a ese nivel de comprensión sin reflexionar, sin leer, sin consultar con profesionales y con familias que están viviendo lo mismo. Y no es fácil de asumir. Pero las evidencias fueron haciéndose cada vez más claras y Pilar tuvo que dejar a un lado la fase de negación para reconocer que Gabi es, realmente, Gabriela. Empezando por uno mismo y terminando con el conjunto de la sociedad, el camino de los padres con hijos transgénero o transexuales está lleno de barreras. “Por todos los lados tienes que ir contando la historia de tus hijos, explicando, difundiendo su intimidad, la que tanto quieres proteger, para allanarles el terreno”, cuenta Pilar. Y ese periplo, se está iniciando para esta familia malagueña. Como ella, otro medio centenar componen la asociación nacional Chrysallis.

Pilar es una luchadora fuerte y decidida que pretende ser discreta pero que le ha tocado asumir un papel fundamental, convertirse en portavoz de los derechos de su hija de seis años. Lo que ansía para ella es que tenga los mismos derechos que cualquier persona y que sea tratada con respecto a su identidad y no a sus genitales. Quiere que pueda vestirse con libertad, pintarse las uñas, jugar con una muñeca si quiere hacerlo, utilizar el vestuario femenino en una piscina o tener un nombre de niña tanto en sus relaciones diarias como en el DNI. Pero lo que puede parecer una cuestión básica recogida en la Constitución, en la práctica no es así.

“Primero lo niegas, luego miras para otro lado, la reprimes, le regañas, le dices que eso no es propio de su género hasta que te da tantas señales que tienes que reaccionar, sabes que no es un capricho infantil”, dice la madre de Gabi. En el caso de las niñas, como sucede con su hija, llevar el pelo largo es una pequeña conquista que les hace reafirmarse en su identidad. También usar complementos propios de la mujer, pintarse o disfrazarse de roles femeninos. “Mi hija se escondía los genitales en la bañera y un día me preguntó que cuándo se le iba a caer el pene”, recuerda Pilar.

Pero la desinformación, como explica Eva Witt, presidenta de la asociación Chrysallis es el muro más grande que hay que derribar y “ésta es una carrera de fondo, queda mucho por andar”, agrega Pilar, que inició sus contactos con Eva hace unos meses para poder encauzar su situación personal. En su entorno más cercano, Gabi era Gabriela. Con sus dos hermanos, con sus abuelas, su padre y su tía podía celebrar un cumpleaños con una tarta de princesas y recibir como regalo una muñeca. Pero para el resto, las explicaciones fueron muchas cuando este pasado verano Gabi hizo la transición, es decir, el paso de vestir de chico a chica. Pilar, incluso, lo comentó con sus vecinos en su ansiedad por facilitarle la normalidad a Gabi. “Se siente una niña y sólo quiero que la traten como tal en todas las facetas de su vida”, indice Pilar que echa manos de una frase de su amigo Mark Tman sobre su hija. “Si tus prejuicios te traicionan sobre mi identidad… no es asunto de mi cuerpo sino de tu mirada”.

Y esa mirada cómplice es la que Pilar ha estado buscando en cada paso que ha dado en este último año. Sin embargo, no siempre la ha encontrado. Cuando hablaba con la pediatra o el profesor de su pequeña siempre le aseguraban que era una etapa pasajera, que no había de qué preocuparse. Pero Gabi le pidió ir al colegio con faldas a mediados del curso pasado. “La psicóloga de la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA) la vio y me hizo un informe, expliqué en el colegio que el tránsito lo íbamos a realizar en las vacaciones y que les facilitaría la documentación que me requiriesen y que iba a hacer un cuentacuentos para mostrar a los niños la realidad tal cual”, recuerda Pilar.

Pareció que todo estaba de su parte, contó con el apoyo docente, pero poco antes del inicio de curso se encontró con la negativa de la Fundación Diocesana de Enseñanza al uso del uniforme femenino de Gabi. Desde entonces, ella y sus hermanos acuden a diario en chándal. En las próximas semanas se reunirán los padres con representantes de la Fundación Diocesana, la Delegación de Educación y la fiscal de Violencia de Género, Flor de Torres. En ella, en Eva Witt, en Mar Cambrollé, presidenta de ATA y en muchas familias está su bastón. También cuenta en todo momento con el apoyo del padre de su hija. Pero Gabriela es su verdadera razón para dejar atrás el pudor y hablar públicamente.

Fuentes: malagahoy (Cristina Fernández), Prodeni

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