Somos visibles

BESOS DE LÁPIZ- Belén Ríos Vizcaino 23/02/2015   huelva

La aprobación de la Ley 2/2014, de 8 de julio, Integral para la no discriminación por motivos de Identidad de Género y Reconocimiento de los Derechos de las Personas Transexuales, ha supuesto un paso transcendental, un hito en la historia española y autonómica. Resulta paradójico e irracional que en el siglo XXI, todavía las personas, independientemente de nuestro sexo-género, identidad, orientación o diversidad afectiva-sexual, tengamos que reivindicar y recordar los derechos fundamentales inherentes a toda la ciudadanía. Pero “aceptémoslo”, es cierto. Estas iniciativas y regulaciones normativas son la punta de lanza, gracias al esfuerzo del Tercer Sector (ATA Sylvia Rivera, Chrysallis…) que en muchos casos ha resulta ser una experiencia dramáticamente ingente, de mujeres y hombres, de ayer y de hoy, que conforman el ideario de los movimientos sociales, humanistas y partidos políticos de izquierda. Esa igualdad, se nos presenta más cercana, aunque para que sea, real y efectiva, nos queda seguir apostando con constancia, esfuerzo y esperanza. De ahí, que la Asociación de Transexuales de Andalucía ATA celebre, hoy y mañana 21 de febrero, sus II Jornadas “JuventudTransFormandoIgualdad” en el Albergue Intujoven de Sevilla. Ser “diferente”, sigue teniendo un coste personal, familiar y social…pero es indispensable que nos conozcamos y aceptemos tal y como somos. En la estructura sociocultural, religiosa y axiológica, todo debe encajar en los asfixiantes parámetros de lo establecido, entre binomios dialécticos presentados como indelebles, pero la realidad transciende día a día, dejando a un lado los callejones sin salida, buscando rutas de transformación para ir construyendo espacios para todas y todos. Identificarse y visibilizarse como transexual, bisexual u homosexual, debe ser tan asumido y lícito como ser heterosexual… ¿desde cuando lo natural, lo que ha existido desde siempre debe negarse, contenerse, u ocultarse? El problema no está en la diferencia, reside en la incapacidad de amar y respetar. El dolor se gesta y se nutre cuando en el seno convivencial, en los ámbitos profesionales y en los contextos ideológicos, grotescamente discriminatorios, se señala, apartando al rincón de la “culpabilidad”, “vergüenza” y  “abstinencia” a quienes se atreven a rebelarse, saltando los férreos puestos fronterizos, para conquistar la esencia de su propia identidad. Soy bisexual, no me oculto, nunca me opuse a ser yo misma, aunque al manifestarlo abiertamente, dejé de llevar conmigo una foto de familia numerosa, supe que no eran tantas las amistades que tenía, que no había tanta concienciación de libertad y equidad en las plataformas ideológicas y laborales, o en el imaginario colectivo. Es incalculable lo que he aprendido de esta experiencia vital, especialmente a amar sin tantas reservas, a estirar al máximo los brazos del respeto y la empatía…Aprendí a quererte, quereros y quererme como lo hago.

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