Un Niño Azul

Cuando mi hijo tenía sólo dos años y apenas sabía hablar, tuve un sueño en el que me decía:

 “Mamá, ¿Tú sabes que soy especial?” Yo, en el sueño, le contestaba con desgana y sin mucha emoción, como solemos hacer los padres cuando nos pillan tremendamente ocupados. “Claro, hija, ya sé que eres muy especial…” y él, ella aún en ese sueño, replicó como queriendo llamar aún más mi atención: “¡¡¡No mamá, te estoy diciendo que SOY ESPECIAL!!!” Inmediatamente desperté y esa mañana, al llegar al trabajo, se lo conté a mi compañera de trabajo. Ella empezó a hablarme de los niños azules. “¡Tu hija es un niño azul!”

No le hice mucho caso, pero al llegar a casa me metí en internet. Ahí hablaban de niños muy espirituales, que vienen a este mundo para ayudarnos a ser mejores, a crear un mundo más solidario y lleno de amor y respeto. Ahí quedó la historia, para mí, anecdótica. Sin embargo, cuando mi hijo con cuatro años empezó a decirme que su cerebro le hablaba y le decía cosas, yo le preguntaba: “¿Qué cosas?”. Él no me contestaba, yo me acordaba del sueño… y empezaba a mirar alrededor de él con angustia… mi casa, en aquel momento, me parecía poco menos que la del niño de la película El Sexto Sentido.

Con tan sólo trece meses nos había dado ya el mayor susto de nuestras vidas. Fue operado con urgencia de corazón. Antes de ser diagnosticado, un médico nos preguntó que si la niña (en aquel momento) había empezado a andar y moverse. Le contestamos que sí, porque era la verdad, pero no sabíamos hasta qué punto nuestra pequeña hija iba a ser capaz de moverse y andar. Cuando el año pasado empezó a ganar medallas y quedó como la niña más veloz de la provincia, pensé que mi sueño adquiría significado.

Pero no, mi hijo nos tenía reservado algo más especial.

Desde pequeño él ha sido un niño muy respetado. El tema de juguetes, ropa, corte de pelo… estaba más que superado… sabíamos que era un niño, y que en algún momento tendríamos que actuar, pero no sabíamos cuándo.

Al cumplir siete años, empezó a cambiar algo. Él, que siempre había sido tan espontáneo y le había contado a todos sus compañeros y compañeras de clase que era un niño, empezó a decir con la boca pequeña que era una niña. Comprendí que empezaba a sentir miedo por primera vez en su vida. No estaba dispuesta a consentir que mi hijo se escondiera, aunque tenía mis dudas y mis inseguridades, algo en mi interior me decía que no estaba equivocada… que mi hija era mi hijo, y que había llegado el momento de hacer algo más.

Me encontré con dos obstáculos importantes: el temor de mi hijo y  el de su padre.

Con tres o cuatro años, un niño que mi hijo conoció en la piscina le había dicho que su padre se llamaba Olga, igual que él. Me lo contó entusiasmado. Se aferró a la idea de que su nombre era también masculino desde ese mismo momento. Y ahora, con siete años, comenzaba a acomodarse en una posición de chico/chica que le resultaba bastante fácil para desenvolverse en sociedad.

Al padre tuve que argumentarle, que su hija, que parecía feliz, lo era, pero no sabíamos hasta qué punto podía llegar a serlo, como tampoco sabíamos antes de su operación de corazón, hasta qué punto iba a ser capaz de andar y correr.

A los tres días emprendimos un viaje a Sevilla para asistir a unas ponencias de Chrysallis. Un largo y silencioso viaje. Su gesto desencajado ya lo había visto, de camino al hospital materno seis años antes. Pero al igual que en aquélla ocasión, el viaje de retorno a casa le dio una nueva oportunidad a nuestro hijo para  vivir.

Contando con el apoyo de su padre, todo ha ido sobre ruedas. En apenas tres semanas hemos realizado el tránsito.

 Esta es una historia feliz, que no tiene un final feliz, sino dos. Y lo mejor es que aún no ha terminado, nos quedan muchos vivos momentos que pasar junto a él.

Hasta ahora todo está siendo muy fácil. Recibimos apoyo por parte de todos, del colegio, de su club de atletismo, de la familia… Por eso me he atrevido a contar mi testimonio, porque pienso que también puede animar a muchos a vencer sus temores. En apenas tres semanas, nuestro hijo, que quería llamarse Olga por siempre jamás, ha descolgado el cuadro con ese nombre de su habitación y me ha pedido que lo regalemos “a alguna niña que se llame Olga”.

Ayer fue uno de esos días felices y grandes que nos quedan por disfrutar con él. Ganó su primera medalla con su verdadera identidad. Corrió con los niños, lo hizo con tantas ganas y fuerza que cualquiera lo alcanzaba… y mucho menos yo para hacerle una foto.

Mi niño es azul, porque ha venido a hacernos mejores padres, más comprensivos, y respetuosos.

 Y aunque sé de buena tinta que muchas de nuestras niñas son muy rosas, y que están disfrutando a tope de su bien merecida etapa rosa, estoy convencida de que en este sentido todos nuestros niños y niñas especiales, son niños y niñas azules. Están destinados a hacer de nuestro planeta un mundo mejor.

4 thoughts on “Un Niño Azul

  1. Una preciosa historia. De lucha, superación y comprensión. Es toda una alegría para internautas y lectores empaparse de historias bonitas y con final feliz. Aunque en muchas ocasiones no es así, siempre es de agradecer que las personas que viven, crecen y se desarrollan en libertad y sin condiciones aporten sus vivencias para dar fuerza a los demás. Muchas gracias por compartir este bonito relato, estoy seguro que sera de gran ayuda para todos.

  2. contado así, esta todo parece facíl de comprender pero estoy segura de que se debe al buen hacer y juicio que posees.
    La verdad es que me ha llegado al corazón!!!
    Felicidades a toda la familia! Os quiero muxo!!!

  3. Me encanta tu reflexión. Cuando mi hijo tenía 5 meses, una amiga profesional de la enseñanza, muy sabia y bien respetada por mí, le vio por primera vez y dijo: va a ser muy especial. Yo le contesté que eso es lo que le decía a todas las mamás…entre risas. Pero tenía razón. Pasado un tiempo, otra amiga hizo la misma observación sobre mi hijo y me hizo llegar información sobre niños índigo y cosas así. A tí te comentaron que tu hijo es azul…En cualquier caso, lo que sí es cierto, es que nuestros hij@s nos están ayudando a superar barreras, eliminar prejuicios, a plantearnos principios éticos y morales (nos están haciendo hasta filósofos…) Sin duda están aquí para hacer de este mundo UN MUNDO MEJOR. ESTOY ORGULLOSA DE MI HIJO.

  4. Es precioso ………ahora mismo estoy en esta situación ……nunca llegó a pensar q pudiera estar frente a algo así.
    Pero ellos se merecen todo ….pues siendo tan pequeñitos stienen tan claro lo q quieren…. cuanto tenemos q aprender de estas personitas tan especiales.
    Gracias por ser como sois.

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