UNA LECCIÓN DE VIDA

Fue cuando me dijo ‘lo supe a los tres años, no lo dije hasta los 24’ cuando me asaltó la lógica pregunta: ‘¿qué pasó en esos 21 años, cómo viviste?’. Y me contestó ‘intentando ser invisible’. En ese momento comprendí que yo quería saber más y quería contar lo que pasa en la vida de es@s niñ@s, adolescentes y jóvenes cuya identidad sexual no se corresponde con la que les asignaron al nacer, qué pasa durante esos años de silencio e invisibilidad.

A Gloria, la persona que provocó esta catarsis en mi interior, la conocí mientras preparaba otro documental. Es una mujer transexual de 32 años, que ya ha finalizado todo el proceso de adaptación social, física y legal con su identidad, y durante una de las conversaciones que mantuvimos le pregunté cuándo había sabido que ella no era el chico que aparecía en su documentación, el niño que iba al colegio y al que llamaban con nombre masculino. Ahí empezó para mí una apasionante y enriquecedora experiencia que todavía no ha terminado.

De esto hace algo más de un año, pero ha sido un camino tan intenso que tengo la sensación de que llevo en él muchísimo tiempo. Primero me documenté, busqué, pregunté y me di cuenta de que había bastante información sobre transexualidad, pero muy poca relacionada con menores. Hablé con expertos de diversas especialidades, manejé datos, pero nada tenía suficiente peso e interés como para hacer un documental de una hora, todo eran vagas teorías y mi idea era conseguir que fuesen los propios menores y sus familias quienes contaran todo eso que no sabíamos. Estaba algo desanimada cuando tuve la fortuna de encontrar a Chrysallis que, como yo, estaba dando sus primeros pasos.

A partir de ahí entré en contacto por teléfono con muchas y muy diversas familias. El asunto no resultaba fácil porque yo estaba empeñada en que  saliesen los niños y las niñas a cara descubierta y quería grabarlos en su vida cotidiana, con sus familias, en sus colegios. No quería tapar, esconder, silenciar,… bastante tapados, escondidos y silenciados han estado los transexuales durante décadas y la idea era mostrar la normalidad de est@s niñ@s y adolescentes que, por primera vez, estaban reivindicando en voz alta su identidad sexual.

La primera familia que visité y la primera niña transexual que vi, más allá de los vídeos y documentaciones que había manejado hasta entonces, fue  Eli. Tenía cierto miedo de que mi presencia pudiese incomodarla, de decirle algo que le hiciese sentir mal, pero cuando fui a su casa y la vi con sus padres y sus hermanos, tan contenta, tan ‘normal’, comprendí que la que tenía que superar esa sensación de extrañeza era yo misma. Estaba entrando en un mundo desconocido, para mí y para gran parte de la sociedad, lleno de gente y de niñ@s ‘normales’, que sólo aspiraban a ser tratados según su sentir, y que necesitaban una mirada nueva por nuestra parte.

La verdad es que tuve mucha suerte porque contacté con personas de una calidad humana sorprendente. Encontré familias admirables, con niños y niñas fantásticos, felices, seguros, y totalmente apoyados por sus padres y su entorno. También conocí otras situaciones no tan favorables: familias que no aceptaban la circunstancia que les planteaban sus hij@s,  niñ@s que tuvieron que cambiar de colegio ante la negativa de los centros a admitirlos y tratarlos según su identidad, situaciones de acoso..…mucho  mucho dolor innecesario. Podría haber puesto el acento en estas dramáticas situaciones pero, ya que iba a ser la primera incursión en el mundo de l@s menores transexuales, opté por la visibilización, la normalización y el tono divulgativo.

El resultado final de todo este proceso es el documental titulado ‘El sexo sentido’ en el que he trabajado junto con un amplio equipo de compañeros y en el que todos hemos puesto, además de nuestra experiencia, nuestro entusiasmo. Rara vez un tema provoca tanta y tan unánime empatía y éste tuvo la virtud de ir captándonos a cada uno de nosotros e ir sumándonos a su causa. Por eso celebramos tanto los premios que va acumulando el documental, porque son los premios de todas las familias, de tod@s l@s niñ@s, de l@s jóvenes y de todas las personas que, haciendo un difícil ejercicio de generosidad y valentía, confiaron en nosotros y accedieron a abrirnos sus vidas y sus casas.

Y respecto a mí, puedo asegurar que he aprendido mucho. Ahora sé  mucho más sobre hormonación cruzada, sobre los bloqueadores de la pubertad, que tanto sufrimiento pueden evitar a l@s adolescentes, sobre las dificultades de las familias para conseguirlos para sus hij@s, sobre los protocolos de la Unidades de ‘Trastorno’ de Identidad de Género, sobre los trámites para conseguir el cambio de nombre y de sexo en la documentación, sobre todos y cada uno de los múltiples obstáculos que tienen que ir salvando padres e hij@s a lo largo de un prolongado y difícil proceso. Pero he aprendido algo, creo que más importante y más hermoso, algo que nadie explica, pero que se transmite en cada mirada, en cada decisión y en cada gesto. He aprendido de amor, de tolerancia, de valor, de generosidad. He aprendido que un pequeño movimiento, sumado a otros muchos, puede ser el principio de todo un terremoto que mueva para siempre el suelo de los prejuicios, la intolerancia y la hipocresía.

Concha Inza Romea

Periodista rtve

Guionista de ‘El sexo sentido’

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