Una persona transexual no tiene por qué querer cambiar su cuerpo

Raquel Ruiz, vicepresidenta de Chrysallis Castilla y León asegura que no todas las personas transexuales tienen disforia de género

VALERIA CIMADEVILLA  20/06/2016 

Disforia de género: dícese de una afección en la cual se presenta un conflicto entre el sexo físico de una persona y el sexo con el que ésta se identifica. Se suele asociar con el término ‘transexual’, considerado hace años como un trastorno psiquiátrico. Según Raquel Ruiz, vicepresidenta de la Asociación de Familias de Menores Transexuales, Chrysallis, no todas las personas transexuales tienen disforia, pero sin embargo, para que se les reconozca su identidad, se les hace pasar por un diagnóstico psiquiátrico que lo certifique. Por ejemplo, para cambiar el DNI lo exigen.

«Queremos que se despatologice. Para que las personas transexuales tengan, por ejemplo, derecho a un nombre acorde con su identidad. La transexualidad no es ninguna patología». Asimismo, para cambiar el sexo registral hasta el 2007, se exigía una operación de resignación genital. En la actualidad no, pero se siguen pidiendo 2 años de hormonación. «Se te exige modificar tu cuerpo para poder tener una identidad», incide Ruiz. Para ella no existen los cuerpos equivocados. «Parece que un a persona transexual su fin en la vida es transformar su cuerpo. Y esto no es cierto». Añade que cuando a una persona desde que nace se le niega su identidad con la única razón de sus genitales, «creas un rechazo en esa persona hacia ellos». Sin embargo, los niños que son «aceptados y acompañados» desde pequeños, no tienen disforia de género y no rechazan su cuerpo. Por tanto, no hace falta que se operen».

Un problema es cuando llegan a la pubertad y se desarrollan los caracteres secundarios. «Eso les machaca porque no es que rechaces tu cuerpo, es que te van a identificar con el sexo contrario». En el principio de esta etapa se les administra bloqueadores hormonales, que alargan la pubertad unos años, para que esos caracteres secundarios no se desarrollen. A partir de los 16 años, mayoría de edad clínica, pueden acceder a las hormonas cruzadas, para evitar, por ejemplo, en el caso de los chicos que les salga pecho, o en el de las chicas la barba. Ruiz insiste en que la mayoría lo hace así, pero hay otros que no quieren. Así aclara que una cosa es la identidad, otra los genitales y otra la orientación sexual. «Hay chicos transexuales que son gays, igual que en el resto de la población».

Éstos son algunos de los objetivos que persigue la asociación, al igual que les concedan los mismos derechos que al resto de los niños. «Que se hagan leyes y protocolos en educación. No solo para que sean aceptados y respetados en clase, sino para que existan y se encuentren en los libros».

Algo tan sencillo como el carnet del gimnasio o el de la biblioteca supone una ‘tortura’. Ruiz apunta que la mayor parte de las veces dependen, a la hora de tramites administrativos, de la ‘buena voluntad’ del funcionario que les atiende. «Si el funcionario que te toca esta por la labor lo vas a tener fácil».

La definición que expresa Ruiz para transexual es la persona que no se identifica con el genero que se le asignó al nacer. «Y a medida que esta persona crece va expresando que nos hemos equivocado al identificarle». Su hijo de 14 años desde muy pequeño, con 3 años, empezó a expresarlo. Pero por diversos motivos «se lo niegas e insistes en que está equivocado». Al pasar al instituto empezó a presentarse como un chico a todo el mundo, «no había quien lo parase». Ruiz recuerda como le ayudó la orientadora del centro, porque ella le dio la pista y le ofreció algo de información. «Me puse en contacto con la asociación y se puso en marcha aquella maquinaria humana brutal que es Chrysallis». Reconoce que al principio fue duro porque desde que tomaron la decisión había que informar a todo el mundo. «En general todo el mundo se lo tomo mejor de lo que yo pensaba, el que te quiere te entiende».

Chrysallis, nació en el año 2013 por «necesidad» y de las 19 familias con las que contaba al principio han pasado a 300 en toda España. En Burgos hay tan solo 5, que se reúnen el primer miércoles de cada mes en el Centro Cívico de Capiscol, donde atienden a todo el que quiera recibir información. Así, asegura que lo único que echa en falta es que fuera más fácil visibilizarse. «Que la gente tenga menos miedo a dejarse ver».

*Este artículo ha sido editado para hacer un uso adecuado del leguaje

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